Campeones en el deporte, con suspenso en economía y al borde del abismo

Enhorabuena a la selección española de futbol por haber conseguido lo que todas las selecciones del mundo anhelaban, ser los mejores, ser los campeones, logrando el tan ansiado trofeo, por primera vez en la historia. Nuestros deportistas merecen reconocimiento y aprobación social, así como las felicitaciones de todos aquellos que amamos al deporte rey.

Sin embargo, ello no puede hacernos olvidar que España se encuentra sumida en una de las peores crisis económicas de su historia, con un gobierno que considera, en palabras de su vicepresidenta, que el éxito de la economía no depende sólo de factores económicos sino de sus éxitos deportivos, y que hace oidos sordos a cualquier voz sensata que reclama medidas y politicas viables.

España está a la deriva, inmersa en un nacionalismo superficial fruto del triunfo en Sudáfrica, pero en una peligrosa argentinización de sus políticas. España no es viable con el actual modelo constitucional y político. No soporta un esquema de taifas con líderes locales que sólo atinan a usar el erario público para implantar políticas paternalistas. No tolera ser la admiración del mundo deportivo mientras es la burla de las economías más desarrolladas del mundo. Lo grave es que el actual desgobierno socialista ha hecho de la mentira su razón de ser. Miente al endosar a la “crisis mundial” la caótica situación económica nacional. Miente al considerarse “gobierno de España” cuando ha hecho todo lo posible por destruir la constitución española y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Miente al propugnar la “alianza de civilizaciones” mientras se alía con todo los enemigos de Occidente y de la libertad de los ciudadanos.

Este desgobierno ha olvidado todo lo que, en un pasado no muy lejano, era motivo de orgullo de los españoles. Zapatero y sus ministros sólo piensan en una cosa: cómo mantenerse en el poder. Y utilizan cualquier medio para ello. Impulsaron un estatuto con cláusulas abiertamente inconstitucionales para contentar a sus amigos nazional separatistas, se alían con gobiernos y regímenes dudosamente democráticos como el de Hugo Chávez o Evo Morales y con dictaduras genocidas como la de los hermanos Castro. Utilizan los poderes del estado para detener a ciudadanos sin orden judicial y pretenden silenciar a los medios opositores con multas que, hasta el momento, otros medios afines nunca recibieron, por más que optaron por burlarse de mendigos y niñas pobres.

Este es el país del triunfo deportivo y de la miseria política, el país donde muchos gritan “yo soy español, español, español” aunque no podrán escolarizarse en la lengua de Cervantes; un país donde los referentes sociales dejan de ser científicos, investigadores, empresarios, educadores, para pasar a ser jugadores de futbol, tenistas o cantantes.

Como en la época de los romanos, en tiempos de crisis, hay que darle circo al pueblo.

Y mientras Rodríguez Zapatero sigue hundiéndonos en la miseria, hoy tendremos “circo” en la Cibeles. Los deportistas, naturalmente, merecen nuestro reconocimiento. Pero España merece, por su historia, tradiciones y logros, un gobierno que no le mienta y que no pretenda confundir a la ciudadania utilizando al deporte para ocultar sus propias miserias.

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