La prohibición taurina de Cataluña y el complejo de inferioridad

La reciente prohibición de la fiesta taurina, en la comunidad autónoma española denominada Cataluña, no constituye nada más que un nuevo episodio de la agresión que el nazional socialismo separatista ha llevado adelante contra España.

Mientras los separatistas han votado en favor de la prohibición, con un supuesto argumento de protección a los animales, el “bou embolat», «bous al carrer» o «bous capllaçats» seguirán existiendo en Cataluña.

La hipocresía y la mentira de estos políticos catalanes, tan acostumbrados a vivir del erario público y a esquilmar al resto de los españoles para cumplir sus designios, se refleja en prohibir una “fiesta nacional” consustancial a la identidad española. Pero, naturalmente, nada dicen ni piensan en prohibir los denominados «bous embolats», toros a los cuales los “aficionados” colocan antorchas en su cornamenta mientras los pobres animales” son acosados y arrastrados por la muchedumbre frenética.

Recordemos que incluso en poblaciones de poco cientos de habitantes, como la denominada Mas de Barberans, realizaron festejos taurinos durante el mes de abril, anunciando vaquillas, toro embolados, recortes y matadores. Pero para los NAZIonalseparatistas ello no parece ofender los derechos de los animales.

El politiqueo de los separatistas y enemigos de España interpreta la prohibición como un triunfo sobre el rancio nacionalismo español y en pro del independentismo.

Ese maniqueo político es el que pretende, en un proyecto de ingeniería social tendiente a remodelar la sociedad y el pensamiento, obligar a las distribuidores de cine a traducir películas al catalán, cuando un 70% de la población que vive en la región catalana tiene al español como lengua materna; o que prohíbe a los padres, en un abierto régimen totalitario e inconstitucional, a no poder escoger libremente la lengua vehicular en que educarán a sus hijos, o que financia con millones de euros a una troupe de “artistas titiriteros” para que filmen en catalán o traduzcan, incluso, el cine porno al catalán, o que multa a los comerciantes honestos que quieren rotular sus comercios en español. Si lo hacen en chino, marroquí, ruso u otro idioma, seguramente no tendrán inconveniente alguno, pero, como se les ocurra rotular en español, malament….

Recordemos que, en Barcelona, existieron tres famosas plazas de toros: la Plaza de El Torin o de la Barceloneta (1834), la Plaza de las Arenas (1900) y, finalmente, la Plaza Monumental que nació en 1914 con el nombre de “El Sport”. Por esta última pasaron toreros famosos como Joselito El Gallo, Francisco Posada y otros, adquiriendo un prestigio similar a la Plaza de las Ventas de Madrid y a la Maestranza de Sevilla.

Tras la desaparición de las dos primeras plazas de toros, la Monumental se constituyó, en 1977, en la única plaza de toros y, en ella, torearon los mejores profesionales, entre ellos José Tomás en su histórica reaparición del año 2010.

Los NAZIonal separatistas se preocupan de los pobres animales. Pero en muchas ciudades y pueblos de la geografía catalana nadie respeta el denominado Manual de Buenas Prácticas, convenio entre la Generalidad de Cataluña y los organizadores de los correbous. Los animales tienen las antorchas prendidas en sus cuernos durante más tiempo del que deberían tenerlo, una muchedumbre frenética y sin el menor signo de humanidad hostiga con crueldad, sadismo y violencia a pobres animales asustados, acorralados y sin defensa alguna.

Se trata de un espectáculo dantesco donde los animales son aquellos que no están atados ni tienen una osamenta a la que ponerle fuego. Incluso suelen utilizar pistolas de rayos láser o arena para cegar a los animales, todo ello con la complacencia de las autoridades locales, naZionalistas y separatistas que conservan, en muchos casos, sus puestos en la administración pública, con el apoyo de aquellos que gozan maltratando animales indefensos.

Lo que es mucho más grave, considerando que comunidades que han prohibido la Fiesta Nacional permiten las “peleas de gallos”, es el ataque a la libertad individual, a la libertad empresaria y a la crianza de una raza de animales preparados para la lidia, que esta medida representa.

Los NAZIonalistas separatistas de Cataluña han prohibido la celebración de la fiesta taurina, obligan a ver cine como ellos desean, en la lengua que quieren (aunque la mayoría de la población hable ESPAÑOL, imponen a los comerciantes la lengua en que rotular sus comercios, cambian (en un abierto ataque y vulneración de derechos los nombres y apellidos de funcionarios públicos, como lo hacen al traducir el nombre del Rey JUAN CARLOS I de ESPAÑA), reniegan de sus raíces, cambiando sus propios nombres y apellidos por todo aquello que parezca catalán, u ocultan apellidos maternos como Pérez para no sentirse parte de la España que tanto odian.

Son esos separatistas los que traicionan sus raíces, mienten en los libros de historia, violentan la historia y las raíces de comunidades como la valenciana e imponen un silencio informativo en su “taifa”, cuidando de que no exista prensa libre ni medios de comunicación que no sean afectos a su régimen abiertamente pro totalitario.

Asimismo otorgan subvenciones millonarias a organizaciones “culturales” abiertamente antiespañolas. abren “embajadas” en el exterior con salarios no precisamente mileuristas para acomodar a parientes y entenados, financian la enseñanza de una lengua que apenas el 30% de la población habla como lengua materna y que no le servirá a nadie para hallar empleo en el resto de las comunidades autónomas, atacan la lengua española que hablan cientos de millones de personas en el mundo y la riqueza de la cultura española y todas sus manifestaciones, en un claro complejo de inferioridad cultural y política.

Recordemos que el complejo de inferioridad podría definirse como aquél por el cual un sujeto (o sujetos) se siente (sienten) constantemente inferior (res) a los demás, aunque no exista una causa real para ello.

Si observamos el comportamiento político de estos separatistas nos daremos cuenta de que sufren de un complejo de inferioridad. Intentan demostrar que son los mejores en la producción de cava, o que pueden prohibir espectáculos, o que pueden imponer a los padres cómo educar a sus hijos, o que pueden chantajear al gobierno de turno utilizando una sobrerepresentación parlamentaria que un absurdo sistema electoral les ha dado para especular con ello y esquilmar al resto de los españoles.

En conclusión, con prohibiciones, amenazas, chantajes y absolutismo sólo reflejan un complejo de inferioridad que muestra sus miserias, sus carencias, sus traiciones y sus bajezas. Creyéndose los “amos del universo” aún no han tenido el coraje de restituir torneos deportivos de la “LIGA ESPAÑOLA DE FUTBOL”, para que su querido Barcelona juegue en una liga propia con equipos como el Sabadell, el Deportivo Mataró o el equipo de Blanes.

Confiemos en que, tras las próximas elecciones nacionales, llegue al gobierno de España un partido político que no sienta vergüenza de ser español, de lucir la bandera y el escudo nacionales y que retome un sendero de crecimiento económico, de libertad individual y colectiva, donde no tengan espacio ni protagonismo seres acomplejados que no ven el modo de ocultar sus propias miserias.

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