LAS MENTIRAS DE ZAPATERO Y LAS HIPOCRECÍAS DE LOS TITIRITEROS DE LA “ZEJA”

La política internacional atraviesa, en estos días, momentos difíciles. No sólo asistimos a la crisis humana, económica y social provocada tras el tsunami en Japón y una de sus más peligrosas consecuencias, esto es, la crisis nuclear; sino que, una vez más, Occidente debe liderar una ofensiva militar contra un régimen dictatorial.

Gadafi no sólo es un dictador y un criminal, sino uno de los más tristemente famosos personajes patrocinadores del terrorismo internacional.

Sorprende la tibieza con que la portavoz del Partido Popular se ha pronunciado sobre esta crisis, en palabras de su portavoz, Soraya Saenz de Santamaría.

Lo deseable hubiese sido que el Partido Popular asumiese una postura más responsable y firme en defensa de la libertad, de los derechos humanos y de la población civil amenazada por el criminal dictador, además de DESNUDAR LA FALSEDAD DISCURSIVA, LOS EMBUSTES Y LA DESFACHATEZ PÚBLICA DE RODRÍGUEZ ZAPATERO Y SUS ALIADOS NAZIONAL SEPARATISTAS.

La resolución 1973 de Nacional Unidas ha autorizado la intervención militar y, al igual que en el pasado respecto a la intervención militar en Irak, España debía y debe participar, junto al resto de democracias europeas, en el marco de lo resuelto por la ONU.

Sin embargo, de qué vale garantizar una zona de exclusión aérea sin impulsar, paralelamente, una acción militar terrestre que permita desplazar del poder al régimen tiránico y criminal de Gadafi?

¿Dónde están los titiriteros de la ceja con sus pancartas de NO A LA GUERRA? ¿Por qué el genuflexo Mariano Rajoy, y su grupo parlamentario, esperaron la comparecencia del Presidente del Gobierno para posicionarse tibiamente frente a la intervención evitando mencionar la palabra guerra?

¿Por qué el afortunado Bono que, en el pasado, dijo que prefería morir a matar, ha eludido responder a una periodista sobre este particular? ¿Qué espera la opinión pública para exigir responsabilidades políticas a un Presidente del Gobierno que, ahora, se preocupa por los civiles masacrados por el régimen libio mientras hace la vista al costado respecto a otros pueblos masacrados, como los de Siria, Bahrein o Yemen, y que, en el pasado, apartó la vista de las masacres que Saddam Husseim cometió contra su pueblo? O es que acaso no existían razones humanitarias que justificasen la intervención militar contra el depuesto dictador?

¿Y qué pensar de los coqueteos de la diplomacia española con la dictadura genocida de los Castro y con regímenes dudosamente democráticos y contrarios a los intereses económicos de los españoles, como los regímenes de Venezuela, Ecuador o Marruecos?

Muamar el Gadafi gobierna dictatorialmente Libia desde el 1º de septiembre de 9969. Si, hace apenas 42 años. El denominado líder de la Revolución, ha cimentado su poder sobre el petróleo, que nacionalizó, y sobre el control absoluto de la prensa, los bancos y los principales resortes de la economía que antes era privada.

En mayor o menor medida, todas las organizaciones denominadas “revolucionarias”, tales como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército Revolucionario Irlandés (IRA), la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), ETA y otras organizaciones han contado con su apoyo, destacando atentados como la denominada masacre de Munich, durante las olimpíadas de 1972, el derribo del vuelo 103 de PAM AM en 1988 o atentados varios en países occidentales, así como su apoyo efectivo, con efectivos y dinero, a regímenes dictatoriales como el del genocida Idi Amin Dada, de Uganda

Gadafí es una amenaza a nuestras libertades y bienestar ciudadanos. Es un peligro para la seguridad europea en el mediterráneo y en medio oriente. La intervención militar de la ONU, aunque tardía, ha de servir para que el poder político deje de estar en manos de un dictador decrépito y su casta de secuaces acomodaticios, para pasar a estar en manos del pueblo, al que habrá que brindarle la ayuda necesaria para poder articular y consolidar un régimen democrático.

Por tanto, es positivo, para España, ubicarse junto a la coalición internacional que desplegará su fuerza militar contra Libia.

Lo vergonzoso, asqueante e inentendible de lo acontecido hoy en el poder legislativo ha sido la postura de los nazional separatistas de la Ezquerra apoyando una intervención militar; la postura del partido del 3% votando a favor de la misma intervención, el discurso del líder de la oposición que evitó, por estar en lo políticamente correcto, recordar al desfachatado Presidente todas sus manifestaciones del pasado respecto a la participación española, junto con 60 naciones del mundo, en la reconstrucción de Irak, o el olvido, por parte de los diputados socialistas, del ataque que, oportunamente, realizaron contra el gobierno del Partido Popular durante su gestión durante la guerra de Irak.

Evidentemente, y no por coincidir con el solitario Gaspar Llamazares, hay que reconocer su coherencia política en la materia. Aunque Gaspar apoye dictaduras genocidas como la de los hermanos Castro, hoy ha sido coherente con su pensamiento a diferencia de Zapatero que ha mentido una vez más.

El Presidente, escudándose en razones humanitarias, EVITÓ HABLAR DE GUERRA. Pero, ZPARO omite decir que los miembros de las Fuerzas Armadas Españolas viajarán en misión de guerra, con el consiguiente riesgo de que se produzcan bajas.

Que la participación española es necesaria no cabe ninguna duda. Del mismo modo que ha sido necesaria la participación de España en la guerra de Irak y en la de Afganistán.

Los ciudadanos deberían tener en cuenta todas las mentiras que Zapatero ha pronunciado hoy, y la demagogia nacional separatista de apoyar la intervención en Libia. ¿Se asustarían ahora los socialistas y sus aliados si les llamasen asesinos? ¿Qué harían sus titiriteros como Pilar Barden, Almodóvar y otros si fuesen repudiados en las calles o se cercasen sus domicilios o sedes “culturales? ¿Cómo puede ser que quien no homenajeó la bandera estadounidense, ahora, mintiendo, engañando, estafando a la opinión pública, se una al satánico EEUU para combatir al dictador otrora amigo de España?

Sin dudas, LAS MENTIRAS DE RODRÍGUEZ ZAPATERO NO TIENEN LÍMITE. FRENTE A UN PERSONAJE DE TAN BAJA ESTATURA MORAL Y POLÍTICA SÓLO CABE PEDIR UNA COSA: SU DIMISIÓN.
ESPAÑA NO MERECE A UN SUJETO DE ESTA CALAÑA NI A SUS SECUACES. Su dimisión sería lo que nos merecemos los ciudadanos.

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