Recordando aquél 18 de julio de 1936….

A 76 Años de la lógica reacción defensiva de la sociedad española a ver impuesta una dictadura comunista, podrán leerse opiniones de todo tipo.
Lo cierto es que, a lo largo de la denominada “segunda república española”, que no fue república, ni democrática, ni nada, la izquierda radical, desde 1934 había iniciado el camino de la revolución armada y un proyecto político que preveía la aniquilación de segmentos completos de la sociedad.

Dentro de ese proyecto, dirigido y auspiciado por el dictador comunista Stalin y que, por decisión de las autoridades del denominado gobierno “republicano” contó con todas las reservas de oro del Estado español, la violencia debía dirigirse contra todos aquellos que no compartiesen la cosmovisión totalitaria del comunismo español, ideología que había logrado provocar la “bolchevización” del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de sus principales dirigentes, así como la absorción, dentro de lo que se denominó “Frente Popular” a anarquistas, republicanos, integrantes de Ezquerra Republicana de Cataluña, miembros del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y, lógicamente, bajo el liderazgo del minúsculo Partido Comunista Español.

La violencia izquierdista que no pudo tolerar que los ciudadanos al sufragar eligiesen un gobierno de derechas (recordemos que, en las elecciones de 1933, triunfó la CEDA de Gil Robles) provocó sublevaciones en distintos puntos de España, a partir de 1934, destacando la denominada “revolución de Asturias”, episodio durante el cual la izquierda cometió todo tipo de asesinatos, tropelías, saqueos, violaciones y destrucción de bienes públicos y privados; seguida de la “declaración del Estado catalán” por parte del golpista (contra el propio gobierno de la República), Luis Companys.

Suprimido el intento revolucionario de Asturias, la bravuconada de Companys y otros sucesos similares, tras la convocación por parte del gobierno de los generales Goded y Franco, la República continuó radicalizándose a la par que sus principales dirigentes pactaban con Stalin la sovietización de España. Llegado febrero de 1936 se celebraron elecciones en las que se enfrentaron las fuerzas del denominado Frente Popular (izquierdas) contra el Frente Nacional Contrarevolucionario (CEDA, Renovación Española, Comunión Tradicionalista carlista, Liga Catalana, etc) aunque, denuncias de fraude mediante y falsificación de sufragios, los resultados oficiales no llegarían a publicarse.

La izquierda desató nuevamente la violencia, con destrucción de iglesias, incendios y huelgas de carácter revolucionario, amen de la instauración de las denominadas checas o chekás, centros de secuestro, tortura, homicidio y desaparición de opositores políticos, segmentos de la población a los que esa izquierda consideraba enemigos de clase (burguesía, clase media, católicos, sacerdotes, monjas, simpatizantes, militantes y/o dirigentes de partidos de derechas, etc).

En ese contexto que, desde el inicio de la segunda república, se caracterizó por cinco intentos de golpe de estado contra la República (provenientes de la izquierda) y uno solo protagonizado por la derecha (ideado por el General Sanjurjo), civiles y militares destacados como los Generales Fanjul, Goded, Mola, Gonzalo Queipo de Llano y otros, decidieron reaccionar frente a la violencia izquierdista y salvar a España – y a millones de sus habitantes y ciudadanos – de una masacre segura a la que estarían condenados de triunfar el modelo comunista en el país.

Tras la disolución de las Cortes por parte del Presidente de la República en enero de 1936, fueron convocadas elecciones en medio de un clima revolucionario y de asesinatos diarios provocados por los chequistas, bajo el amparo y protección y organización del gobierno republicano.

Los generales liderados por Mola, Queipo de Llano, a quienes se sumaron sectores como Comunión Tradicionalista, el Requeté carlista, José Calvo Sotelo y múltiples ciudadanos preocupados por la sovietización de España, decidieron reaccionar frente al intento revolucionario de las izquierdas.

El 16 de julio de 1936, y tras el asesinato de José Calvo Sotelo, se produjo, finalmente, una lógica y necesaria reacción frente a la revolución en curso que habían iniciado las izquierdas en 1934. El gobierno republicano condenó la muerte del dirigente de derechas pero ya era tarde y los graves sucesos desencadenaron el apoyo de un general que, durante mucho tiempo, se había negado a apoyar cualquier intentona contra el orden constitucional. Ese hombre se llamó Francisco Franco Bahamonde.

Franco se sumó a una reacción defensiva contra un poder ilegítimo, arbitrario y dictatorial. La República ya había muerto en 1934, cuando las izquierdas subvirtieron el orden constitucional para instaurar un modelo bolchevique.

Vale la pena recordar que Santo Tomás de Aquino, Francisco de Vitoria y Hugo Grocio hablaron del legítimo derecho de “alzarse contra un poder ilegítimo”, del derecho a resistirnos por la fuerza cuando la sustancia de la legalidad o supuesta legalidad es la arbitrariedad y la injusticia.

A varias décadas de aquellos tristes hechos, hemos de recordar que no debemos la democracia de hoy ni al PSOE, ni el PSUC (partido netamente bolchevizado), ni a la fusión de las Juventudes Socialistas y Comunista impulsada por Santiago Carrillo (héroe de Paracuellos de Jarama), ni a la Ezquerra Republicana (que a lo largo de la contienda buscaría, incluso, entregar la soberanía “catalana” a Francia o a Inglaterra si esas naciones apoyaban militarmente su causa), ni al Partido Comunista de España (verdadero agente dependiente de Moscú), ni a los nacionalistas catalanes que, ayer y hoy, han buscado y buscan el desmembramiento del Estado español.

A 76 años de la gesta valerosa de aquellos españoles, deseosos de proteger la vida, la libertad de culto, los valores occidentales, la propiedad privada, la educación, el progreso material y cultural del pueblo español, hemos de estudiar y repasar las fuentes históricas para no volver a cometer los errores del pasado.

Recordemos y rindamos homenaje a todos los muertos de esos tristes años, y agradezcamos a quienes, con su sacrificio, esfuerzo y dedicación, hicieron posible que España recuperase su unidad territorial, su soberanía política y, tras años de sacrificio, su engrandecimiento y progreso económicos.

Ojalá la clase dirigente de hoy tuviese la altura de miras que tuvieron aquellos patriotas que decidieron defender a la nación de un ataque externo que la hubiese convertido en la “primera democracia comunista (términos contradictorios) de Europa”, con las consecuencias que, años después, soportarían la Unión Soviética, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Yugoslavia, Cuba y otras naciones; modelos de estados en que el terror, la tortura, el exterminio de opositores y partidarios, las purgas de comisarios políticos y dirigentes adversarios del “líder”, fueron el pan de cada día, junto a la falta de libertad personal, económica y cultural, a la violación de los derechos humanos, a la visión unívoca de la sociedad y al genocidio.

Hoy España necesita patriotismo, un proyecto nacional y recuperar los valores que nunca debieron perderse, principalmente por la inoperancia e ignorancia de los gobiernos socialistas, por la corrupción enquistada en muchas Comunidades Autónomas, debido al accionar de partidos naZIonalistas y separatistas y a las concesiones que los gobiernos dieron a los etarras.

De no recuperar esos valores, España no tendrá recuperación posible y siempre es bueno recordar que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.

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