25N: el separatismo catalán se refuerza para romper con España.

Tras el recuento de los votos emitidos por los ciudadanos catalanes, a priori, resulta llamativa la derrota de ARTURO “MENOS” MAS en su delirio mesiánico de querer convertirse en el líder de la independencia o del soberanismo catalán. Su coalición ha pasado de tener el 38,43% de los votos al 30,68% (en apenas dos años) y de sumar 50 escaños frente a los 62 que había sabido conseguir en el 2010.

MAS se ha estrellado contra la realidad, relativamente plural del electorado catalán, y, si tuviese un mínimo de decencia política (cosa que no puede pedírsele a alguien salpicado por sospechas de corrupción y por resultar beneficiario de cuentas en Suiza, a nombre de su padre, que aún no ha sabido explicar) debería renunciar inmediatamente. Pero CiU es una coalición y, como tal, sería un tanto incomprensible o inadmisible para Convergencia Democrática de Cataluña ceder el protagonismo, quizás, a Durán y Lérida (hombre de Unió) o ceder el puesto de Mas a Oriol Pujol, hombre del núcleo duro secesionista pero que no está la suficientemente preparado para asumir la primera línea de la política de la formación.

MAS ha hecho MENOS por CiU y MÁS POR EZQUERRA REPUBLICANA DE CATALUNYA (ERC), la formación conducida por Oriol Junqueras, tan perjudicada en las elecciones del 2010, tras su desastroso paso por el tripartito catalán (recordemos que entonces obtuvo sólo un 7% de los sufragios y 10 escaños), que ha obtenido el 13,68% de los votos y 21 escaños. La formación independentista se enfrenta a la disyuntiva de permitir la gobernabilidad a CiU, a cambio de exigirle una aceleración en la política secesionista, la supresión de los necesarios recortes presupuestarios a los que se enfrenta la Generalidad y un protagonismo mayor en el escenario político catalán. Lo que no debería olvidad CiU es que, siempre, quien se ha aproximado a ERC ha terminado escaldado y, si no, que le pregunten al Partido Socialista de Cataluña.

En los próximos días se debatirá respecto a cuál ha sido la influencia que la presunta corrupción catalana ha tenido en los resultados del pasado domingo. Sin embargo, podríamos afirmar que la corrupción del 4% poca o ninguna influencia ha tenido en el resultado electoral. Si Cataluña no fuese otra cosa que una taifa seudodictatorial un candidato salpicado por la corrupción y una familia millonaria con un patrimonio cuyo origen es muy difícil de explicar, jamás podrían haberse presentado a elecciones. Hubiese intervenido la justicia, procesado a los presuntos corruptos y estos, lógicamente, hubiesen sido excluidos por sus propias formaciones de las listas electorales.

Si en la región catalana existiese justicia, NUNCA una formación como ERC podría haberse presentado a las elecciones tras su paso por el Tripartito, tras pactar una tregua con ETA, en Perpignan, sólo para Cataluña y por su abierto desafío a la Constitución Española y a la integridad y unidad de España.

Aunque el escrutinio muestra un fortalecimiento o, al menos, una estabilidad del electorado independentista (sumando los votos de CiU, ERC y CUP), más preocupante resultan los resultados obtenidos por los denominados “partidos nacionales”.

El Partido Socialista de Cataluña (PSC) ha pasado de obtener un 18,38% de los votos a un 14,43%, y de 28 a 20 escaños, aunque no puede olvidarse que, desde que el PSC formase el Tripartito pasó de obtener más de 1.200.000 votos a sólo 523.333 en el día de ayer, lo cual constituye una de las peores catástrofes electorales de los últimos años. Y esto es lógico, considerando el desastroso desgobierno de Rodriguez Zapatero, la vergonzosa gestión de Carmen Chacón y la falta de identidad de un partido socialista que, ante el desafío separatista, decidió embarcarse en un supuesto federalismo que, ninguno de sus dirigentes, supo explicar en qué consistía.

RUBALCABA, el hombre de los GAL, de FILESA, del 11M, de los ERES de Andalucía, el ministro de la violación de la jornada de reflexión, de la desaparición de cocaína en Sevilla o de la mochila de Vallecas y las declaraciones contradictorias de rumanas pagadas por la policía en el juicio del 11M, ha obtenido un nuevo fracaso electoral en la geografía catalana, donde no ha sabido atraer el voto de los históricos charnegos que siempre habían votado socialismo y que, años después, han huido de sus postulados.

Por su parte, el PARTIDO POPULAR ha crecido desde un 12,37% de los votos en el año 2010 a un 12,99% en el día de ayer, pasando de 18 a 19 escaños con 471.197 sufragios. Al valorar los resultados, como no podía esperarse de otro modo, su candidata, ALICIA SÁNCHEZ CAMACHO, valoró positivamente los resultados, en una nueva muestra de maricomplejismo y de falta de lectura de la realidad.

CAMACHO ha fracasado y conducido a su partido a un estrepitoso fracaso electoral. Su tibieza programática, su apoyo a los presupuestos socioconvergentes, su ausencia de confrontación denunciando la presunta corrupción de los PUJOL – MAS y el abandono de la defensa de los valores constitucionales, y de ESPAÑA, le han acarreado, pese a un núcleo de fieles votantes populares, un resultado paupérrimo para un partido nacional con vocación de liderar un proceso de cambio a nivel nacional.

CIUDADANOS, bajo el liderazgo de ALBERT RIVERA, han sido los auténticos protagonistas de la jornada electoral, pasando de un 3,39% de los votos y 106.154 votos en 2010 y 3 escaños, a un 7,58% de los sufragios con 274.925 votos y 9 escaños, lo que le permitirá formar grupo parlamentario propio, tras una campaña electoral sometida a obstáculos de todo tipo, y donde su mensaje fue muy claro al denunciar la corrupción, reivindicar la idiosincrasia catalana pero insertada en un país llamado España.

Podríamos preguntarnos a que se debe el crecimiento de Ciudadanos y, aunque la respuesta podría ser diferente según quien la contestase, lo cierto es que ha recogido votos de convergentes desencantados, socialistas frustrados y, por qué no, votantes populares desencantados ante la tibieza y falta de coraje político de Alicia Sánchez Camacho.

Hoy los titulares de prensa parecieran ser coincidentes, en cuanto MAS ha fracaso en su plan secesionista. Sin embargo, aunque CiU – MAS hayan fracasado en su intento hegemonista, ello no significa que el plan separatista de los enemigos de España haya sucumbido.

Un día después de las elecciones, el independentismo constituye el 50% o más del Parlamento autonómico. Y si consideramos la entrada al mismo de la izquierda más radical, por intermedio de CUP (formación apoyada explícitamente por Arnaldo Otegi – y que obtuvo un 3,48% de los votos, gracias a 126.219 sufragios que le posibilitaran acceder a 3 escaños) el panorama para España no deja de ser preocupante.

CiU, ERC y CUP (netamente independentistas) han sumado el 47,84% de los votos y 74 escaños. Si a ello sumásemos los votos obtenidos por ICV – EUIA (9,89% gracias a 358.857 votos con 13 escaños), formación dispuesta a “consultar” a los electores catalanes sobre su futuro político y la siempre dubitativa posición de los socialistas catalanes, mucho de ellos abiertamente separatistas, pero esencialmente contradictorios y dispuestos a apoyar cualquier desvarío, el futuro resulta aún más preocupante.

Sólo podríamos afirmar, tras los resultados de ayer, que el 19,95% de los votos, es decir, 771.277 sufragios y 28 escaños son claramente constitucionalistas.

Y por ello, el peligro separatista catalán continúa, y los enemigos de España están más fuertes hoy que ayer.

El nuevo Parlamento catalán, pese a la derrota de MAS (que era lo de MENOS en este proceso) tendrá una aplastante mayoría secesionista, dispuesta a continuar la fantasía mesiánica de un delirante e incompetente presidente de la Generalidad que precipitó una huida hacia adelante creyéndose el mesías de un nuevo régimen. En este proceso poco importa el destino de ese delirante fracasado en las urnas.

En los próximos días, comenzarán los debates de con quien negociará CiU para formar gobierno. Las posibilidades son varias: ERC (lógica opción que no le saldrá gratis a los socioconvergentes y que acelerará el proceso de subversión constitucional), PSC (aunque ello debería ser la última preocupación de un difunto político llamado Rubalcaba y de un partido en extinción) o incluso el PP (posibilidad negada por Moncloa pero, que por esas cosas del pasado de hacer concesiones al separatismo para “integrarlos al sistema” podría resultar viable).

Empero, lo cierto es que, más allá de quien forme gobierno en Cataluña, el enemigo puede estar tranquilo: su proyecto sigue en marcha. Ellos (los enemigos de España) son tales desde el día en que impulsaron un Estatuto inconstitucional (con la aquiescencia de Zapatero y de la Corona), desde el día en que asumieron como bandera la destrucción del régimen constitucional español y a partir del incumplimiento de las sentencias que fueran contra sus políticas excluyentes y separatistas

¿Por qué podéis pensar que hablamos de la existencia de tales enemigos? La respuesta es muy simple, porque, de acuerdo con las definiciones de la Real Academia Española, un “enemigo” es “una persona que tiene mala voluntad a otra y le desea o hace mal”, o “el conjunto de personas o de países contrarios a otros en una guerra”.

No olvidemos que los separatistas catalanes desean destruir la Nación Española, desmembrarla viva como si de un aborto se tratase, violando el marco constitucional e impulsando una convocatoria ilegal e inconstitucional que declare la independencia de parte del territorio de España, del mismo modo que una guerrilla como las FARC busca controlar su “zona liberada” dentro del territorio de una nación soberana, llamada Colombia.

Los enemigos no siempre utilizarán armas de fuego. También utilizarán como armas la educación (más bien, el adoctrinamiento), la censura indirecta de los medios de comunicación (subvencionando medios amigos y poniendo trabas a la libertad de comunicación), el incumplimiento de sentencias judiciales (que obligan a escolarizar en español) o el adelanto electoral para encubrir su fracaso gubernativo y reforzar la mayoría legislativa.

Y recordemos, como decía Voltaire que “la civilización no suprime la barbarie, la perfecciona”. Y que unas elecciones “civilizadas” no suprimirán el totalitarismo separatista ni sus fantasías ni delirios secesionistas.

España corre un grave peligro institucional. Y lo más triste es que para muchos, el fracasado ha sido Arturo Mas.

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