UNIDAD NACIONAL FRENTE A LA SUBVERSIÓN DE LAS DENOMINADAS “MAREAS CIUDADANAS”.

A pocas horas de transcurrida la denominada “Marea Ciudadana contra el golpe de los mercados” o, lo que es lo mismo, continuación del 15M con otra denominación contra el legítimo gobierno del Reino de España y cuyo objetivo no es otro que el “tomar las calles para desligitimar el gobierno nacido de las urnas”, tal como ha señalado con acierto el Consejero de Presidencia, Justicia y portavoz del Gobierno regional, Salvador Victoria, todo sigue igual.

Sin embargo, más allá de comparar la manifestación del pasado fin de semana con el fallido golpe de estado del 23F, lo acertado sería hacerlo con la España de los años 30, años en que la izquierda  golpista buscó crear un clima revolucionario, aprovechando el denominado “escándalo del estraperlo” y rebelándose contra el Gobierno del propio Frente Popular, clima de agitación y subversión que acentuaron tras el triunfo de los partidos de derecha y el ingreso de la CEDA en el poder.

Hoy, como ayer, España requiere más que nunca fortalecer su unidad como Nación frente a la fragmentación política, económica y social que propugnan sus enemigos.

La crisis nacional que atravesamos, de naturaleza eminentemente política, originada en el fracasado modelo de estado constitucional partitocrático nacido de los  denominados “padres de la transición”, no deja de tener paralelismos con lo acontecido en la década del 30 (afortunadamente, de momento, sin violencia armada) y con la situación a la cual el Presidente Lincoln tuvo que enfrentarse antes de asumir su cargo y durante el ejercicio del mismo, al tener que defender la Constitución y el espíritu que los padres fundadores habían impregnado a ella, frente a la secesión y autodeterminación que cada uno de los estados rebeldes quiso imponer por la fuerza de las armas.

Los organizadores de la “Marcha en Madrid” han destacado que miles de personas protagonizaron un extenso recorrido (que había nacido en Sol, Embajadores, Puente de Vallecas y Atocha) hasta desembocar en la Plaza de Neptuno, gritando consignas contra las recortes en servicios públicos y contra la corrupción, bajo el lema “No al golpe de Estado financiero. No debemos, no pagamos”.

En la manifestación concurrieron supuestos profesionales de la salud, educadores, trabajadores de Iberia o Telemadrid, parados o estudiantes. La protesta que había sido convocada por más de 300 colectivos, pese al escaso número de manifestantes en una ciudad como Madrid, no fue precedida de ningún tipo de documento que nos explicara:

a)      Porque pese a que, en Andalucía, la mayoría de hospitales públicos tienen gestión privada por políticas aplicadas por el Partido Socialista, nunca convocaron una sola manifestación contraria a dicha “privatización”;

b)      Porque nunca han denunciado la destrucción de la educación pública, consecuencia de la reforma educativa conocida como LOGSE (sí, de cuando Rubalcaba fue Ministro de Educación en el Ministro de Felipe González, Roldán y Guerra), hecho constatado por el Informe PISA a nivel internacional, ni cuando los NAZIonalistas prohíben, en sus territorios, escolarizar en español a los niños, lamentándose como José Antonio Durán y Lérida que los niños hablen español en los recreos.

c)      Tampoco han explicado porque no se encuentra una sola universidad española entre las primeras 300 del mundo, ni porque los mejores profesionales tienen el ingreso prácticamente vetado a las cátedras universitarias, ya que los puestos han sido “okupados” por profesores de carnet (partidario, naturalmente);

d)      O porque no se pronunciaron cuando el derroche y dispendio partitocrático (del PSOE, del PP y de los partidos separatistas como CiU, ERC o el PNV) caracterizaba a las televisiones autonómicas (entre ellas las 7 catalanas) aplicando un mecanismo de lavado cerebral y control de la opinión pública sólo presentes en las dictaduras más férreas del mundo.

 

De igual modo, esa izquierda radical que pretende ganar en las calles lo que no ha sabido ganar en las urnas, nunca nos ha explicado porque ha apoyado manifestaciones convocadas por un líder estudiantil (que hace más de 4 años no estudia, si es que alguna vez lo ha hecho, en la Universidad), o porque ante un conflicto de una empresa privada (como Iberia) sus trabajadores, afectados lamentablemente por un ERE, no exigen explicaciones a su administrador, en lugar de recurrir en auxilio de “papá Estado”, ni porque, en un discurso abierta y peligrosamente populista, pretenden desconocer la deuda del Estado que, en manos del lelo Zapatero y sus secuaces, generó casi 4 millones de parados, una deuda externa considerable y un déficit fiscal sin límites en la joven democracia española.

Ninguno de esos colectivos se manifestaron contra las millonarias subvenciones zapateriles a organizaciones de gays y lesbianas de Mozambique, ni contra la condonación de la deuda externa de Ecuador y un préstamo de cientos de millones de euros a fondo perdido a un “gobernante cocalero” que expropia empresas españolas; ni se han pronunciado contra el dispendio del NAZIonalismo catalán que mantiene “embajadas y casales” de un Estado que no existe, ni contra la injusticia del cupo vasco y navarro, a todas luces inconstitucional en un estado de derecho moderno.

Escogiendo el 23F, día en que se conmemoraron los 32 años del intento de golpe de estado por parte del Teniente Coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, los manifestantes quisieron mostrar su repulsa a la casta política, a SM Juan Carlos I, a los recortes y reclamaron la dimisión de los gobernantes democráticamente electos en las pasadas elecciones.

Lógicamente también abundaron las consignas contra los desahucios, los bancos usureros, el fraude hipotecario o la injusticia del Poder Judicial, olvidando que el 97% de los hipotecados cumple “religiosamente” con sus pagos, que los bancos aplican las tasas de interés que el mercado determina en cada momento histórico, que coger una hipoteca siempre ha sido un derecho y no una obligación del ciudadano o que muchos  de esos manifestantes refrendaron con su voto una Constitución (de 1978) que nació viciada, por falta de independencia del Poder Judicial, de una fuerte concentración del poder en el Ejecutivo.

Marea Ciudadana mostró un limitado poder de convocatoria, pese a que se efectuaron concentraciones en 50 ciudades españolas y del extranjero, manifestándose contra lo que denominan “el golpe de los mercados”, pero que también podrían llamar el estruendo de las nubes, acusando al Gobierno del Presidente Rajoy de realizar un brutal recorte de los derechos sociales.

Y en esto nuevamente se equivocan.

No hay derechos sociales en un Estado en que se asesinan a cientos de miles de niños al año bajo el amparo de una permisiva Ley del Aborto; no hay derechos sociales en un Estado en que el número de funcionarios creció de 750.000 en 1975 a más de 4 millones en 2012; no hay derechos sociales en un Estado con leyes inmigratorias permisivas y que conceden derechos sin fijar obligaciones, ni hay derechos sociales en un Estado en que un Ejecutivo (de Zapatero) pactó con ETA (sobre la sangre derramada), subvencionó en miles de millones de euros a sindicatos y patronales, dilapidó miles de otros millones comprando la paz de los separatistas enemigos de España, ni donde el Estado elefantiásico creció hasta límites aún insospechados.

La “Marea Ciudadana” omitió hacer propuestas, criticando lo actuado en el último año por el Gobierno de Rajoy quien, aunque ha cometido serios errores como el incremento de la presión tributaria, ha impulsado una tímida reforma laboral (que juzgamos insuficiente) y que ha posibilitado que la destrucción de empleos sea menor a la que se hubiese producido de no realizar reforma alguna.

Resulta llamativo que una autodenominada “Plataforma de Afectados por la Hipoteca” convoque a todas las personas a salir a la calle, cuando nadie ha obligado a ninguna persona a contratar una hipoteca, comprarse un coche e irse de vacaciones, en un 3×1 a la ligera, especulando con la subida futura del precio de los inmuebles y del suelo, o creyendo en la quimera del ladrillo, mal que ahora no quieran reconocerlo.

Y aunque es totalmente lógico y natural que los ciudadanos honestos, aquellos que trabajamos o queremos trabajar, que tenemos o deseamos tener una familia, que intentamos educar y dar un futuro mejor a nuestros hijos, nos quejemos de la corrupción, resulta curioso que, en muchas de las ciudades donde se realizase la marcha, en las pasadas elecciones municipales hayan triunfado fuerzas pro-terroristas como Bildu, regímenes corruptos como el catalán o el partido de los ERES fraudulentos o de Mercasevilla.

Afortunadamente, predominó la paz y la convivencia en dichas manifestaciones, aunque ello no fue óbice para que los violentos antisistema, siempre infiltrados y convocantes de estas manifestaciones, provocasen destrozos en bienes privados, incendios de contenedores, miembros de las fuerzas de seguridad heridos y otros episodios violentos que culminaron con algunas decenas de detenidos.

En tal contexto, los manifestantes declararon que “las palabras serán nuestras balas, ladraremos hasta rasgar nuestras gargantas. Hoy haremos manada, hoy seremos una Marea Ciudadana“; y esto es peligroso. En una democracia no se habla de balas, ni siquiera en broma, porque ya hemos padecido las balas que han causado 858 muertos por parte de una banda de terroristas asesinos, los explosivos (cuya autoría sigue sin esclarecerse por órdenes del PSOE y la complicidad del PP) que asesinaron a 191 personas el 11M o los enemigos de la democracia que han asesinado a cientos de integrantes de nuestras Fuerzas Armadas.

Los ciudadanos, críticos o descaradamente enemigos de este gobierno, no deberían permitir que los violentos integren las manifestaciones. No es admisible que uno de los detenidos tenga antecedentes por agresión sexual, otros por daños, otros por robo con  agresión sexual, robo con fuerza u otros delitos. Y esto ha de ser advertido. Porque España ya ha tenido en su historia un Agapito García Atadell, un Roldán o un Companys, todos ellos destacados miembros de las izquierdas o del naZIonalismo catalán y que ayer, como hoy propugnan otros en su lugar, combatían – o decían combatir, la corrupción, el capitalismo salvaje o la opresión del Estado Español.

Está en nosotros afrontar con seriedad y responsabilidad esta crisis, no permitiendo que los violentos o los antisistema cojan un protagonismo que no merecen, si es que queremos defender la democracia, la libertad y los derechos humanos que tantas décadas y padecimientos nos han costado conseguir.

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1 Comment

  1. Ariel, una vez más has dado en el clavo para mostrarnos las miserias y vergüenzas de esta España nuestra. La izquierda se da por ofendida cuando se compara sus algaradas con el golpe del 23-F, cuando, en realidad, es la situación involucionista de los años 30 a donde pretenden llegar. La derecha, pánfila y acomplejada, deja que la bola ruede sin decir nada. Gracias a Dios que hay unas pocas voces que, aunque con ambitos de difusión muy limitados, no callan, como tú en tu blog. Änimo y adelante. Somos muchos los que pensamos igual que tú, aunque no lo expresemos ruidosamente.

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