Argentina: terrorismo de ayer, militancia de base hoy. Las lecciones que algunos no quieren aprender de la historia.

ESTRELLA
Tras haber terminado de releer el libro del ex terrorista Roberto Perdía sobre la historia de “Montoneros” (y en el que no reconoce ni se arrepiente por la “sangre derramada”) llama la atención – aunque no en la Argentina de la corrupta Fernández de Kirchner y sus secuaces – la recurrencia a símbolos de la iconografía política argentina de los 70 en movimientos “juveniles” de cuño kirchnerista.

Es el caso de la denominada estrella federal – hoy empleada por la Juventud Evita (si la juventud peronista que reivindica a la ex esposa del Gral autoritario que exhibía sus tapados de visón a sus pobres descamisados, paseaba con elegantes joyas por Europa y “escupía violentos discursos contra la oligarquía”, propiciando la entrega de armas a sus acólitos), que representa una flor de la especie Euphorbia pulcherrim.

Dicho símbolo, de ocho puntas, el poncho rojo y el lema “Religión o Muerte” conforman el imaginario sobre el caudillo federal y expresa el antagonismo entre Unitarios y Federales, que polarizó a la sociedad argentina durante buena parte del siglo XIX.

Fue el dictador Juan Manuel de Rosas, caudillo federal y hombre fuerte de la provincia de Buenos Aires desde 1829 hasta 1852, quien popularizó a la Estrella Federal al utilizarla como una joya.

En los 70, la estrella federal fue retomada como ícono por distintos grupos políticos, principalmente por la Organización Político Militar Montoneros y sus organizaciones en los denominados “frentes de masas”, como la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), el MVP (el Movimiento Villero Peronista), la JP (Juventud Peronista) y otras agrupaciones “de superficie”.

La estrella federal formó parte de los documentos oficiales de la banda terrorista, de sus partes de guerra, de su bandera y del uniforme montonero, además de ser el nombre del órgano de prensa del Ejército Montonero.

Lamentablemente, en la Argentina idiotizada y gobernada autoritariamente por la presidenta del bótox, los nuevos “perejiles” han reivindicado en los últimos años un símbolo que sólo trae recuerdos funestos, como la bomba a Coordinación Federal, el asesinato de Pedro E Aramburu (presidente de facto participante del derrocamiento de Perón en 1955), el atentado contra el economista Alemann, el asesinato del empresario Soldati, el secuestro de los hermanos Born (que dio a la organización terrorista un botín de 60 millones de dólares), las denominadas “contraofensivas” durante la última dictadura militar en Argentina, los partes de atentados que públicamente reivindicaba Montoneros, etc.

Es muy triste que un país no aprenda de sus errores. Y que, desde el poder, se utilicen los recursos del Estado para comprar voluntades (de los sectores de villas de emergencia o chavolas de Argentina, principal reducto de algunos de los más violentos criminales, de los lumpen dirían algunos), adoctrinar a las nuevas generaciones que, llegado el caso, pondrán su “pecho por la causa de los K” y utilizar a los jóvenes – ignorantes de la historia y que sólo desean un protagonismo social y encontrar su espacio – para proyectos mesiánicos y vanguardistas.

Afortunadamente el asesino Guevara fue muerto, las dictaduras del Este ya no existen y muchos de los dirigentes terroristas resultaron abatidos. Para muestra un botón: de la Conducción Nacional Montonera (o “Carolina Natalia” para sus acólitos) sólo sobrevivieron para disfrutar de la democracia (que ellos NO AYUDARON A CONSEGUIR) Perdía, Vaca Narvaja (hoy dueño de una casa de neumáticos en Buenos Aires y Mario Firmenich (radicado en Casteldefels, Barcelona, España, desde hace muchos años). Otros delincuentes terroristas de organizaciones “revolucionarias afines” como las FAL (Fuerzas Armadas de Liberación), FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo, de tendencia guevarista), también cayeron abatidos por las fuerzas de seguridad del Estado; lo cual no ha impedido que grupúsculos radicales de izquierdas reivindiquen su historia, sus crímenes y sus fines.

Desafortunadamente hay muchos que aún rememoran ese pasado violento y no cesan en su empeño por contaminar a la juventud de tan trágicos recuerdos y de una metodología de “trabajo social” que sólo puede conducir a la desgracia de una sociedad.

Porque los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Y Argentina es un buen ejemplo de ello.

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