LAS ENCUESTAS ANTICIPAN EL TRIUNFO DEL FRENTE POPULAR

En el día de ayer, el diario EL MUNDO publicó datos de una encuesta realizada por ese medio y Sigma 2 que, en el peor de los casos, debería suscitar preocupación en el Partido Popular y en el resto de formaciones de centro – derecha, centro – izquierda o que defienden principios liberales.

DATOS PUBLICADOS POR “EL MUNDO”sondeo sigma

En medio de una de las mayores corrupciones de los últimos años, protagonizada por la izquierda socialista de Andalucía (donde miles de millones de euros fueron “robados” a los parados en la trama de cursos de formación), por el fundador y dirigente de Convergencia y Unión, Jordi Pujol y su familia, y por casos que, a la luz de los anteriores, son menores, pero que han afectado al Partido Popular (caso Gürtel, caso Bárcenas), y ello unido a una crisis económica, devenida en recesión con deflación, que ha sumido en la pobreza a miles de familias españolas, el sondeo realizado nos muestra a una formación política con apenas ocho meses de creada, Podemos, como tercera fuerza política a nivel nacional.

PODEMOS, fuerza impulsora de un “nuevo Frente Popular”, radical, sectario, populista y que aspira a conformar una nueva casta en el poder, cuyo programa contiene despropósitos como el siguiente: “Reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales y de la edad de jubilación a 60 años, como mecanismos para redistribuir equitativamente el trabajo y la riqueza, favoreciendo la conciliación familiar. Prohibición de los despidos en empresas con beneficios”, sin importar el coste que tales medidas generarían, ni el desaliento a la iniciativa económica privada que provocaría, se constituiría como la tercera fuerza política nacional, tras el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español.

Mientras que, en las pasadas elecciones, el PP y el PSOE sumaban un 70% de los votos, hoy, ambas formaciones, habrían perdido un 20% de los votantes, en caso de que fuesen celebradas las elecciones en la fecha de esta encuesta.

No olvidemos que PODEMOS irrumpió con fuerza en las pasadas elecciones europeas celebradas en mayo pasado, obteniendo un 9,2% de los votos y 5 eurodiputados y que, según los datos de este sondeo, se convertiría en la tercera fuerza política y su mediático líder, Pablo Iglesias, en uno de los políticos mejor valorados.

Desde el Partido Popular, Mariano Rajoy, en un autismo político muy peligroso para la democracia, ha hecho todo lo posible para contribuir al crecimiento del izquierdismo radical. Preocupándose, tan solo, de la macroeconomía, ha exprimido, mediante una política fiscal regresiva a las clases medias (auténtico basamento electoral de la derecha española) y a los autónomos, beneficiando a los separatistas catalanes (via financiamiento extraordinario de una Generalidad catalana quebrada y salpicada por infinidad de casos de corrupción) y aportando dinero público a los proetarras quienes, en lugar de ser ilegalizados, mantienen sus cargos, sus puestos públicos y sus privilegios forales, inadmisibles en una democracia moderna.

A 9 meses de las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015, el sondeo de SIGMA 2 indica un triunfo del Partido Popular, con apenas un 30,1% de los votos, lo cual no significa otra cosa que una catástrofe electoral para el centro liberal y la legitimidad de origen para la formación de un nuevo Frente Popular (Podemos – PSOE – IU – Amaiur – ERC) gracias a los siguientes guarismos: 22,3% + 21,2% + 4,1% + 3,3% + 1,4% = 52,3%

En este contexto, no sólo el Partido Popular no parece reaccionar.

Unión Progreso y Democracia (UPyD), formación “liderada” por Rosa Diez ha desilusionado a muchos de sus votantes y simpatizantes al negarse en rotundo a entenderse con CIUDADANOS (formación liderada por Albert Rivera) o con VOX (incipiente partido político liderado por Santiago Abascal)

Esta miopía del centro – derecha y del centro – izquierda, ante una caída sin precedentes del PSOE y un alarmante incremento del izquierdismo bolivariano, es mucho más preocupante ante la inacción de un Partido Popular que gobierna en la mayoría de las comunidades autónomas y ayuntamientos y que dispone, aunque muchos se preguntarán para qué, de mayoría parlamentaria suficiente para introducir cambios que beneficien a sus potenciales votantes y recuperen la confianza en la propuesta política del centro liberal.

Mariano Rajoy, asesorado por su gurú Arriola, no ha hecho otra cosa que perder el caudal electoral que el Partido Popular supo conquistar con José María Aznar, Esperanza Aguirre y otros dirigentes locales.

Así, tras el claro triunfo popular en Andalucía, con Javier Arenas, Génova impulsó el cambio dirigencial, provocando una pérdida increíble de votos, pese a la corrupción que involucra a decenas de dirigentes del PSOE andaluz y de los sindicatos; consecuentemente, Génova fue desplazando a históricos dirigentes del Partido Popular en las Vascongadas, para colocar a correas de transmisión de Mariano Rajoy, que han hecho desaparecer al partido de esa región; y lo mismo ha acontecido en Cataluña donde, gracias al “liderazgo” de Alicia Sánchez Camacho y compañía, el PP ha desaparecido en el espacio político local.

Mariano Rajoy no parece asumir que los ciudadanos están descontentos con su gobierno. De acuerdo a los datos que nos ha brindado el sondeo de Sigma 2, un 88,1% de los encuestados tiene una imagen regular, mala o muy mala del Gobierno y un 92% de ellos, considera que España no ha salido de la crisis.

El gobierno adolece, pues, de un mal que aqueja a quienes, desde el poder, sólo escuchan el canto de las sirenas que les favorecen. Al ciudadano – y votante – no le interesa que los datos macroeconómicos hayan mejorado en el segundo trimestre, o que la variación interanual de los datos de empleo reflejen una tendencia levemente positiva; al ciudadano – y votante – le interesa el salario que cobra a fin de mes (salarios que han retrocedido como consecuencia de la recesión), la expectativa de conseguir un empleo o de mejorar el que tiene, el porcentaje de sus ingresos que debe destinar al pago de su hipoteca, impuestos y gastos familiares y la distancia que separa a una partitocracia “corrupta y corrompida” de su día a día.

Esa distancia, ese disconformismo y esa apatía ante los políticos, constituye el caldo de cultivo para el discurso demagógico y bolivariano – venezolano de Podemos.

Dicha formación que impulsa en su programa una “renta básica para todos y cada uno de los ciudadanos por el mero hecho de serlo y, como mínimo, del valor correspondiente al umbral de la pobreza con el fin de posibilitar un nivel de vida digno”, apela a la demagogia para prometer un ingreso a los marginados del mercado laboral, sin decir – como es natural – que una medida semejante nos conduciría a una profundización del déficit fiscal y a una desnaturalización del mercado laboral, provocando junto a la “eliminación de las vallas fronterizas anti-persona” que España se convierta en un imán para la inmigración ilegal y que, una mayor oferta de mano de obra, provoque un empeoramiento de las condiciones laborales y una mayor depreciación de los salarios que percibe una gran mayoría de trabajadores semicualificados.

Podemos, siguiendo el modelo venezolano – cubano, pretende erigirse en la nueva vanguardia dirigente impulsora de una “revolución del sistema” que, lejos de ser innovadora, pretende rescatar del baúl de los recuerdos lo peor del comunismo estatista combinado con el autoritarismo de los regímenes populistas latinoamericanos y la alianza con todos los regímenes extremistas, sean de Oriente Medio, de América Latina o del continente africano.

 

Monedero en VenezuelaMonedero en Venezuela, tras la muerte de Hugo Chávez. Foto publicada por EL PERIODISTA DIGITAL.

Mariano Rajoy, quien aún “confía” en negociar con CIU e incluso con un moderado PSOE, no quiere, no puede o no sabe darse cuenta que su formación estará prácticamente sola para formar un futuro gobierno; y que ni los separatistas catalanes (más preocupados de lograr su independencia como manto encubridor de su corrupción), ni los socialistas (que siempre, en la historia de España, se han aliado con los más extremistas radicales, sean comunistas, anarquistas, socialistas o chequistas) le acompañarán en su proyecto.

Podemos encabezará la constitución de un nuevo Frente Popular que, a semejanza del que tanto daño causó a España en el pasado, tendrá por objetivo hacerse con el poder para, a partir de esa legitimidad de origen, imponer un régimen sectario anulador de las libertades ciudadanas y económicas y que coincidiría, al menos en sus programas, con el ideario de la extrema derecha de Marie Le Pen, de Francia, sólo con una diferencia: mientras Marie Le Pen ama a Francia, Pablo Iglesias ama a Cuba, entiende al asesino Che Guevara, se solidariza con el autoritario Maduro o justifica políticamente a los asesinos de ETA.

Esa izquierda extrema, si llegase al poder, acarrearía muy serias consecuencias para el ciudadano español e incluso para la Unión Europea pues su programa político, y sus banderas políticas, implicarían recuperar el control monetario para poder emitir billetes, impulsar la alianza con toda forma de extremismo (proetarra, antiespañol o musulmán radical) y cercenar las libertades que, tras años de régimen autoritario del General Franco, España supo recuperar.

Por ello, el panorama es muy preocupante. El Partido Popular y otras formaciones de centro-derecha o centro-izquierda deberían iniciar serias conversaciones, dejando a un lado las rivalidades y ambiciones personales, para ofrecer a los ciudadanos una propuesta auténticamente democrática y que les ofrezca respuestas a los problemas concretos que le preocupan a las familias y a los individuos.

De lo contrario, Mariano y Arriola se quedarán con los buenos guarismos de la macroeconomía, pero serán otros – de tendencia radical y antidemocrática – los que ofrecerán soluciones demagógicas prometiendo “soluciones” para la microeconomía de las personas.

En los años 30, muchos sonrieron cuando les preguntaron sobre el futuro político de un “humilde cabo desaliñado” que desafiaba al sistema tradicional de partidos de Alemania. Pero pocos años después esas mismas personas temblaron cuando fueron enviadas desde sus “escaños” a campos de internamiento para opositores, o cuando asistieron a la quema de sinagogas o a la destrucción de sus sedes partidarias.

Hoy, como ayer, la democracia española corre peligro, y todo el sistema político democrático liberal está amenazado por enemigos implacables y que desean su destrucción, sea desde el separatismo subversivo de Cataluña, sea desde el antiespañolismo proetarra en las Vascongadas o sea desde la izquierda radical aliada al extremismo yihadista.

¿Habrá que esperar a que se desencadena una nueva tragedia o será el sistema político español y los partidos moderados capaces de librarnos de este peligroso populismo?

En los próximos meses, e iniciado hoy el curso político, el misterio se develará; aunque, a prima facie, el sondeo de Sigma 2 nos ha mostrado algo más que una estadística, nos ha revelado una peligrosa tendencia populista que crece sobre el desencanto y el descontento de amplios sectores castigados por la crisis. Lástima que muchos potenciales votantes, incluso de buena fe, apoyen una opción tan extrema, dispuestos a renunciar a su libertad, a su bienestar y a su progreso, olvidando que el comunismo tercermundista ha venido para quedarse, aunque pretendan disfrazarlo de un progresismo igualitario.

Comunismo y miseria

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