CHARLIE HEBDO, VIÑETAS, TERRORISMO… GUERRA DECLARADA A OCCIDENTE.

Los atentados contra la revista Charlie Hebdo y contra un comercio judío de Paris, en Francia, no constituyen, tal como algunos incautos intelectuales han sostenido en estos días, un ataque contra la libertad de expresión o de prensa.

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Poco importa que la mencionada publicación se dedicase a ofender gratuitamente a todas las religiones o credos, tal como puede apreciarse en las portadas que acompañan a este texto, porque si no hubiese existido dicha publicación, seguramente, otros habrían sido los objetivos de los ataques terroristas.

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Los atentados se inscriben en una guerra declarada por el islamismo radical contra todo Occidente y, en este caso, contra la República Francesa, (bajo el pretexto de castigar a una publicación endeble intelectualmente cuya única presentación ha sido caricaturizar y ridiculizar a musulmanes en sus portadas), es decir, contra un Estado democrático en el que rigen principios y derechos que los islamistas odian y desean destruir, por considerar incompatible con el Islam.

La libertad civil de Occidente es fruto de un largo proceso histórico en el cual se han separado la religión del Estado, o el Estado de la religión. Muchos pseudo intelectuales o progres de izquierda no comprenden, ni comprenderán que el islamismo radical es absolutamente incompatible con Occidente. Y que no existe sociedad “sometida” (nunca mejor dicho) al Islam donde exista libertad.

Y aunque no todos los musulmanes son islamistas, ni todos los islamistas son yihadistas dispuestos a inmolarse o atentar contra Occidente, es fundamental que las fuerzas y cuerpos de seguridad, y de inteligencia de todo Occidente no escatimen recursos, económicos, políticos y humanos para defendernos de la lacra que amenaza con destruirnos.

Téngase en cuenta que el islamismo, también conocido como fundamentalismo o integrismo, es la politización, a veces distorsionada y fanática, del Islam.

ISLAM significa “sumisión” y toda la sociedad civil y política se encuentra sometida íntegramente a los principios religiosos que, totalitariamente, son impuestos desde las mezquitas y madrazas de turno, o mediante el apedreamiento, la horca en una plaza pública o el sable aplicados a los infieles o apóstatas.

Señalemos que para los propios estudiosos islámicos, el Islam puede definirse como “la sumisión a Dios el Altísimo a través del monoteísmo, la obediencia y el abandono de la idolatría”. Sus seguidores se denominan musulmanes (del árabe muslim ‘que se somete’) y afirman que Mahoma es el último de los profetas enviados por Dios y sello de la Profecía.

Para un islamista no hay nada mejor que otro islamista. Y para un islamista yihadista los atentados cometidos en Francia no son más que otro combate en su guerra santa contra Occidente y todo lo demoníaco que Occidente representa.

Pero antes de referirnos a la Yihad, o guerra santa contra los infieles, hagamos unas breves consideraciones para que el lector conozca a vista de pájaro algunas referencias históricas sobre el Islam y su profeta.

Mahoma fue un huérfano criado por su familia, angustiado y que, incluso, habría pensado en el suicidio según los propios hadiz (fuentes del Islam) y, en cuya vida, habría atravesado dos fases netamente diferenciadas.

Durante la primera, que transcurriera en la Meca, Mahoma fue un creyente monoteísta, que identificaba a Jesús como verbo de Dios y que predicó la misericordia hacia huérfanos y viudas, en una postura pacifista y conciliadora, llegando a anunciar el fin del mundo y que, personalmente, le halló casado con Jadiya, una viuda rica e inteligente que le llevaba quince años y cuya fortuna le permitió dedicarse a sus inquietudes intelectuales: rezar y recibir revelaciones.

Esa primera época de Mahoma contrasta drásticamente con una segunda época, posterior a la muerte de su esposa Jadiya, durante la cual Mahoma contrajo matrimonio con una niña de 6 años, llamada Aisha, con la que consuma el matrimonio cuando Aisha tiene 9 años de edad, y en la que Mahoma marchó a Yatrib (luego conocida como Medina, la ciudad de Mahoma).

En esta segunda fase, el Mahoma profeta dio paso al Mahoma caudillo militar, a un líder que se distanció del judaísmo (el propio Mahoma dejó de practicar la oración diaria orientada hacia Jerusalen para hacerlo hacia La Meca), que abandonó la tolerancia hacia otras religiones monoteístas (como el cristianismo y el judaísmo) y que se convirtió en enemigo declarado de todos los infieles y de los apóstatas. (La apostasía en el Islam podría ser definida como el rechazo en palabras o actos del Islam por parte quien ha sido su seguidor).

En esta etapa, Mahoma, caudillo militar radicado en Yatrib (año 622 dC, año en que principia el calendario musulmán), se convierte así en un personaje intolerante hacia todos aquellos que no sean musulmanes y tal postura derivó, incluso, en la expulsión de todos los árabes convertidos al judaísmo cuando no, en su exterminio físico.

Pero Mahoma no sólo se erigió como caudillo militar y profeta, sino que construyó una legislación que abarcó todos los aspectos de la vida civil, política, sexual y religiosa de los musulmanes. Es la etapa en que ante la sospecha de mal comportamiento de una esposa, su esposo tiene el deber de golpearla. Es la etapa en que aumentan las revelaciones del Profeta, como cuando Mahoma desea contraer matrimonio con una nueva esposa (la legislación musulmana autorizaba sólo cuatro) y tiene una revelación que le autoriza a contraer matrimonio con una quinta; o cuando establece que el testimonio de dos mujeres en un juicio equivalen al testimonio de un varón, o cuando abandona la monogamia, o cuando autoriza a violar a las mujeres cautivas en guerra siempre que el hombre no eyacule dentro de ellas, o cuando fija leyes de guerra para repartir el botín de los vencidos. Es la etapa en que cobra más importancia la Yihad como guerra contra los infieles.

Vemos así que a los cinco pilares del Islam (1. Testimonio o Shahada: “No hay dioses, sólo Dios y Mahoma es su profeta”; 2. Oración o Salat, realizada cinco veces al día; 3. Azaque o limosna obligatoria; 4. Ayuno o sawm en el mes de Ramadán y 5. La Peregrinación o jajj a la mezquita santa de La Meca al menos una vez en la vida) se suma un sexto pilar denominado la Yihad o lucha.

La Yihad, en su sentido más amplio, ha sido definida como “el poder extremo de alguien, esfuerzos, habilidades, o la capacidad en contienda con un objeto de desaprobación”. Entendida en su aspecto militar implicaría la guerra contra el infiel y, a nivel estrictamente personal, se referiría a los esfuerzos de un fiel musulmán por lograr la perfección religiosa y moral. Asimismo, y ya dentro del sufismo, se diferencia entre una «Yihad mayor», que pertenece a la autoperfección espiritual, y la «Yihad menor», definida como la guerra.
Así pues, la defensa del islam, de los musulmanes o de sus países frente al enemigo externo pasa a adquirir el carácter de lucha militar o guerra santa, lo cual se encuentra en el propio Corán, donde se anima a combatir contra los infieles si el islam resulta atacado.

Pero lo cierto es que no ha sido Occidente quien ha atacado a los países islámicos, sino que ha sido el islamismo radical quien ha declarado la guerra a Occidente.

Los islamistas radicales odian la libertad de las mujeres, odian su libertad de trabajo, desprecian su libertad de pensamiento, su afán de superación individual y social por medio del estudio y su libertad de reproducción sexual. Consideran que toda mujer debe estar sometida a un hombre, sea su padre, hermano o esposo, que su única lectura válida es el Corán, que su testimonio en juicio siempre tendrá menos valor que el de un hombre y que su única función social se limitaría a ser un “vientre reproductor” para asegurar la continuidad de generaciones de islamistas.

Para un islamista radical no existen derechos humanos, porque el único derecho y deber que tiene un hombre y mujer creyentes es obedecer la palabra del Profeta y las interpretaciones que emanen de las autoridades religiosas de turno.

El islamismo radical odia todo lo Occidental, aborrece la libertad intelectual y de pensamiento, desprecia todas las declaraciones de derechos humanos (aunque sí las reivindica en territorio occidental si uno de sus esbirros es detenido por las autoridades de cada Estado) y detesta las libertades individuales de nuestras sociedades y, por supuesto, odia la libertad religiosa o de creencias.

Para el Islam (o para el Islam que desean imponer los islamistas radicxales) la única religión verdadera es el Islam.

Para un islamista radical el único libro que debería existir en una biblioteca sería el Corán
.

Para un islamista radical, y para sus aliados pijiprogres de izquierda española y europea, la Catedral de Córdoba, por ejemplo, es de su propiedad, aunque la Mezquita de esa ciudad se encuentre “dentro de la Catedral” católica y no, como quieren hacernos creer, al revés.

Entender que toda la Europa Occidental se encuentra amenazada por ese islamismo radical y por los integrantes de su “quinta columna” es asumir que nos encontramos en un estado de guerra y que, como tal, existe adoptar políticas estatales y comunitarias para un estado de guerra.

Quienes atentaron contra Occidente en los últimos días (y sin mencionar un episodio de estos días en que un sujeto musulmán amenazó a los pasajeros de un tren en territorio español, o la muerte de un policía que fue empujado por un inmigrante hacia las vías del tren, cuando se aproximó a solicitarle documentación) han sido integrantes de esa quinta columna islamista, auténtica reserva humana con que cuenta el islamismo radical para atacar, desde “dentro”, la sociedad demoníaca occidental que odian y que desean destruir.

terroristas-charlieY aunque ayer, 11 de enero de 2015, en Paris, un millón y medio de personas haya marchado contra el terrorismo y haya cantado La Marsellesa (himno nacional que “chorrea sangre”) junto al grito “Je suis Charlie” y solidarizándose con las víctimas del comercio atacado, lo cierto es que, más allá de manifestaciones populares y presencia de 60 mandatarios extranjeros, el islamismo radical ha declarado la guerra contra Francia, contra Estados Unidos, contra Reino Unido, contra Alemania y contra España.

En consecuencia, nuestras sociedades occidentales están en guerra contra una concepción del Islam incompatible con la libertad de Occidente. Y esa concepción es la que amenaza nuestra libertad y nuestro futuro.

Negar la importancia del Islam y de un colectivo que se extiende por Oriente Medio, Oriente próximo, África, Indonesia, India, China, Estados Unidos y, por supuesto, Europa Occidental, sería un grave error.

También lo sería negar el peligro que representa la “quinta columna islamista” dentro de nuestras sociedades.

Y aunque algunos idiotas intelectuales, como los que han sostenido en los últimos años el proyecto de “Alianza de Civilizaciones”, u otros cretinos de izquierdas hayan pretendido justificar estos nuevos ataques del islamismo radical porque Occidente asesina y, en consecuencia, algo (los islamistas) tienen que hacer, resulta indispensable reconocer que estamos en guerra contra un enemigo cruel, despiadado y para quien el objetivo último es la muerte y sometimiento de todos aquellos que no aceptamos su religión ni su totalitarismo.

Ello no implica desconocer, sino todo lo contrario, la historia y enseñanzas de Mahoma, ni los principios del Islam, pues su conocimiento es imprescindible para entender y asumir los peligros a los que nos enfrentamos y para poder diferenciar a esos islamistas radicales de aquellos otros millones de musulmanes, creyentes de la más joven de las religiones monoteístas, y que, afortunadamente, no se han sumado a esa guerra santa del islamismo radical.

En síntesis, que los islamistas hayan atentado contra la publicación francesa y contra ciudadanos que se encontraban en un comercio judío, no ha sido más que un nuevo acto de la guerra iniciada hace muchos años contra Occidente, los ataques marcan la continuidad de la matanza cometida en septiembre de 2001 en las Torres Gemelas o de las explosiones en Londres en 2005; representan la continuidad de los ataques a sedes de embajadas y edificios gubernamentales en distintos países occidentales y de Oriente Medio y otro episodio más que se suma a los secuestros de occidentales, al asesinato de rehenes occidentales y al ahorcamiento o apedreamiento de aquellos que son considerados enemigos del Islam.

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La guerra ha sido declarada. Pero, ¿Occidente asumirá el desafío de ganarla?

En estas horas se desarrollan y desarrollarán numerosas reuniones entre responsables de seguridad y políticos de los estados miembros de la Unión Europea para tratar la política y prevención antiterrorista. E incluso España ha enviado una delegación, habiéndose manifestado el Presidente del Gobierno Español, Mariano Rajoy Brey, en duros términos contra el terrorismo; lo cual resulta increíble respecto a un Presidente de Gobierno que más terroristas etarras ha liberado en la historia de la democracia, que nada ha hecho por ilegalizar a Sortu y a Bildu, franquicias de ETA en las instituciones, y que menos aún ha hecho por defender a España, como unidad política, frente a sus enemigos separatistas, proetarras e izquierdistas.

Confiemos en que la respuesta sea positiva porque de lo contrario nuestra seguridad, nuestra libertad y nuestros sueños de progreso se verían cercenados por años y, quizás, por muchas generaciones.

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