Muerte del bipartidismo: irrupción de un nuevo Frente Popular y desafíos de la derecha liberal.

A poco del cierre de los colegios electorales y del comienzo del recuento de sufragios, lo cierto es que hoy el bipartidismo nacido de la transición ha muerto. elecciones

Tanto el Partido Popular como el Partido Socialista Obrero Español, que tan poco tiene de socialista, menos de obrero y nada de español, fueron los protagonistas, desde 1978, de nuestro régimen político e institucional.

Hoy ese régimen sufrirá un duro revés y la derecha liberal sufrirá un durísimo golpe, mientras que la izquierda, revolucionaria, bolivariana, proetarra o corrupta, tendrá la oportunidad de reeditar el FRENTE POPULAR de la década del 30, con la gravedad que ya conocemos cuáles pueden ser sus consecuencias.

Mariano Rajoy Brey ha destruido al Partido Popular de la mayoría absoluta, traicionando todos los principios liberales que fueron votados por millones de ciudadanos (transparencia, libertad económica, reducción de impuestos, apoyo hacia las víctimas del terrorismo, ilegalización de ETA y de sus franquicias políticas, defensa de la vida desde su concepción, alineamiento internacional con Occidente, etc) y logrando, apenas en tres años, destruir una mayoría absoluta que dio al Partido Popular la mayoría en casi todas las comunidades autónomas y municipios.

Cuando se cierre el recuento de votos, será el tiempo de los contubernios, de los acuerdos no siempre prístinos y de la búsqueda del poder por sí mismo.

¿Acaso alguien puede dudar que la izquierda tradicional hará todo lo que esté en sus manos para pactar con la izquierda bolivariana subvencionada por Venezuela y por Irán y con la izquierda encubierta financiada por la aristocracia catalana?

¿Creerán los votantes de Ciudadanos que dicha fuerza dudará en pactar con socialistas y con otras fuerzas para desplazar al Partido Popular en todos aquellos municipios o en aquellas comunidades autónomas donde el PP no obtenga mayoría absoluta?

Aunque estas elecciones han sido eminentemente locales, poca duda cabe que tanto el Partido Popular como el resto de formaciones políticas han utilizado esta campaña en clave nacional pues, en apenas seis meses, estará en juego el gobierno de España.

Y con un tablero político tan fragmentado, sin que ninguna fuerza obtenga mayoría absoluta, resulta preocupante el futuro.

España se enfrentará al desafío de regenerar la sociedad civil y política desde un ideario democrático o, por el contrario, construir un nuevo régimen populista totalitario bajo el proyecto de la izquierda revolucionaria y con la complicidad de la izquierda tradicional, de los NAZIonalistas catalanes y vascos y de la izquierda encubierta.

Lo importante es que, más allá de la derrota y del fracaso de Mariano Rajoy Brey, hoy, los ciudadanos, se decidirá el futuro de qué derecha liberal valdrá la pena conservar de cara al futuro. Madrid constituye la Comunidad Autónoma más rica, mejor gestionada y con menores impuestos de toda España; en Madrid se han construido 12 nuevos hospitales en los últimos años (mientras otros, por ejemplo, han cerrado camas de hospitales para financiar siete cadenas oficiales de televisión) y en Madrid tenemos la mejor educación y la mayor libertad económica de todo el territorio nacional.

¿Los ciudadanos habrán primado la gestión local y regional al emitir su voto? O, por el contrario, ¿habrán oído los cantos de sirena, las demagogias cursis de la izquierda arribista o el discurso hueco de un partido inexistente que ha cambiado de postura, hora a hora, en cuestiones trascendentales?

En realidad, hemos vivido unas elecciones contaminadas por el miedo y por la decepción.

Miedo ante el futuro – que siempre puede ser mucho peor que lo conocido hasta ahora – y decepción frente al pasado: corrupción, desempleo, crisis económica.

Pero lo cierto, es que, simplemente, estas eran y son elecciones locales y autonómicas, donde el ciudadano debería haber primado en su valoración la gestión local.

Pagar menos impuestos, tener mejores servicios de sanidad, educación, seguridad o medio ambiente; tener libertad económica e individual y un mercado laboral estable (cuanto menos) o en crecimiento que permita a las personas desarrollar individual y familiarmente, es lo que cualquier persona “normal” desea.

Lamentablemente la partitocracia bipartidista, de González, Rajoy, Zapatero, Rubalcaba, Díaz, Cospedal, Montoro, etc no supo, no quiso o no pudo mejorar la democracia que se supo conquistar, garantizando esos principios que defienden los ciudadanos y, ante todo, preservando la división de poderes, tan necesaria para la libertad y el progreso de los pueblos.

La democracia es el único régimen político que posibilita su autodestrucción.

Pensemos en que acabaron tras sus respectivos procesos electorales la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini, la Venezuela de Chávez – Maduro o la Argentina de los Kirchner – Fernández.

Millones de ciudadanos han votado.

Millones de personas, influenciadas más o menos por discursos huecos, por rostros amigables, por la esperanza o por el temor, se han pronunciado.

Y ahora llegará el tiempo de construir una alternativa política democrática, liberal y que entierre definitivamente el régimen de la transición para dar paso a una sociedad nueva, donde la independencia del Poder Judicial, la despolitización de la Justicia, la eliminación de las taifas autonómicas, la igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley y la defensa de la unidad e integridad política y territorial de España sean banderas a defender, contra aquellos enemigos políticos que sólo anhelan destruir a España o reemplazar su bandera por quien sabe que bandera.

Millones de ciudadanos han votado. Y eso es positivo. Aunque se equivoquen. Pues, en el corto plazo, tendremos la oportunidad de rectificar. Sólo confiemos en tener la libertad para hacerlo. Y que la formación de un nuevo Frente Popular no sea el inicio del ahogamiento de la libertad, del principio de una tiranía y de la pérdida de nuestros derechos.

Quedará en manos de quienes anhelen una sociedad democrática, plural, liberal y occidental, enfrentar esos peligros y regenerar un proyecto de derecha liberal inclusivo y que devuelva el progreso a todos los sectores de la sociedad.

Dejemos que el populismo sea la jactancia de los mediocres y la esperanza de los desencantados.

Y, tal como dijera el Profeta Daniel en la Santa Biblia, resultará imposible construir nada firme sobre bases precarias. Y, conforme todos los pronósticos todo será precario y devenirá en tragedia, hasta que el supuesto ídolo se venga abajo y sea barrido por el viento.

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