¿Golpe frustrado en Venezuela?

VENEZUELA-POLITICS/

Venezuela vive momentos muy graves y, pese al retroceso que se ha producido respecto a lo acontecido el pasado miércoles (día en que el Tribunal Supremo de Justicia asumió las funciones de la Asamblea Nacional), lo cierto es que el país se ha visto inmerso en un golpe de estado impulsado por el régimen dictatorial de Nicolás Maduro; golpe contra la democracia representada por la Asamblea Nacional cuyos integrantes fueron votados por los ciudadanos quienes, mayoritariamente, habían apoyado a los partidos de la oposición.

Los pro chavistas (como el político “español” conocido como “Mone-y-dero”) alegan que la Asamblea Nacional, el pasado 9 de enero de 2017, habría desconocido la autoridad del Presidente de la República, impulsando un golpe de estado,  con excepción de tres diputados del partido de Henry Falcón.

En su línea “argumentativa”, el dirigente podemita ha atacado con dureza al Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump y a políticos españoles de reconocida trayectoria como Esperanza Aguirre o José María Aznar mientras, paralelamente, defendía lo actuado por el régimen de Maduro. Sin embargo, ¿Podría extrañarnos esta postura de quien fue “pillado” por Hacienda evadiendo casi medio millón de euros recibidos del régimen totalitario de Chávez, como remuneración por su “asesoramiento”?

Esto no debería extrañarnos, ni hemos de esperar algo distinto de los políticos podemitas; su concepción de la democracia dista mucho de lo que entendemos por ella; su solidaridad con los asesinos de las “pistolas en la nuca” repugna a cualquier demócrata europeo y su orfandad intelectual y política resulta evidente para cualquier persona que se tome el trabajo de escucharles (ejemplo de ello las declaraciones del conocido como “Analfa-mato” al referirse a la “revolución rusa” como revolución de obreros, campesinos y estudiantes) o de analizar sus conductas (caso de la recepción que dieron en el Congreso a los familiares de quienes agredieron a dos guardias civiles y a sus compañeras sentimentales, o el apoyo y solidaridad con delincuentes etarras o con sus delincuentes condenados, como Alfon y Bódalo, dos exponentes de Podemos.

Pero volvamos a Venezuela, un país rico con ciudadanos pauperizados, con millones de personas que deben hacer largas filas para comprar productos básicos; hecho que el indigente intelectual Errejón ha atribuido al exceso de “dinero” de los venezolanos para comprar, y a la cultura de ese país de “relacionarse socialmente” en las filas.

Venezuela es un país hundido y a la deriva, pese a lo afirmado, oportunamente, por Chávez quien dijo que “un gobierno revolucionario con poder económico como el que yo presido tiene planes para pasar cualquier situación así tiren los precios de petróleo a donde los tiren“.

A 15 meses de esas declaraciones, su sucesor, Nicolás Maduro, tuvo que decretar la emergencia económica, para intentar paliar la crisis económica que afecta al país, víctima de la “revolución bolivariana” entre cuyos logros incluimos los siguientes:

  • En el año 2015 Venezuela registró la inflación más alta del mundo (180%);
  • Pese al boom petrolero que posibilitó al país ingresar un promedio de US$ 56.500 millones de dólares anuales, entre 1999 y 2014, Venezuela está quebrada. Recordemos que cuando, en 1998, Hugo Chávez fue electo Presidente, el barril el precio del petróleo de Venezuela alcanzaba 11 US$, para pasar a los 16 US$ en 1999 y los 32 US$ en el año 2004. Ese boom continuó hasta alcanzar los US$88 por barril en 2008 y, aunque caerían en 2009 por la crisis financiera internacional, a partir de 2010 volverían a crecer y se mantendrían entre los US$84 y los US$103 de promedio entre 2011 y 2014.
  • A esos ingresos del petróleo deberíamos sumar los miles de millones de dólares que el país obtuvo a través de endeudamiento externo, vía emisión de bonos del Estado por casi 55.000 millones de dólares y vía emisión de bonos de la petrolera nacional. Como resultado de ese endeudamiento (que aún es peor en una economía como la española), el país deberá afrontar compromisos de pago por casi 100.000 millones de dólares hasta el próximo año 2027.
  • Ese ingreso monetario vía exportación de petróleo y deuda externa posibilitó el incremento de las reservas internacionales, incremento que fue dilapidado en los últimos años para pasar desde los 44.000 millones de dólares, de 2008, hasta menos de 14.000 millones de dólares en la actualidad.
  • El régimen totalitario chavista quintuplicó la deuda externa, parte de la cual, irresponsablemente, ha tenido un trato privilegiado por parte del gobierno español; y el gasto público alcanzó registros de déficit de hasta el 17% del PBI.
  • Como todo totalitarismo económico, y pese al control de cambios y de precios impuesto por Chávez en 2003 para frenar la inflación y la fuga de capitales, se ha producido la desvalorización del bolívar y una carestía de productos sin precedentes.
  • Chávez y Maduro han asfixiado a la economía privada y paralizado las inversiones extranjeras, únicas capaces de generar empleo genuino en una economía. Esa asfixia ha sido producto de las expropiaciones (que han afectado a la cementera mexicana Cemex, a la siderúrgica Sidor, a los supermercados Éxito, al Banco Santander Central Hispano, a la cadena de hoteles Hilton y a varias petroleras, además de miles de propietarios de pequeños comercios, muchos de ellos españoles) y de las estatizaciones.
  • El régimen, alegando en su favor la construcción de viviendas, el mejoramiento de la salud pública o el aumento de pensionistas; ha dilapidado miles de millones de dólares entregando petróleo – sin cobrarlo – a regímenes amigos, como el cubano, financiando económicamente a sus castas políticas e, incluso, pagando asesores miles de dólares a asesores extranjeros (muchos de ellos españoles de izquierda) con el dinero de todos los ciudadanos venezolanos.
  • Y todo ello bajo la sombra de la corrupción, tal como han alertado los ex ministros chavistas Jorge Giordani y Héctor Navarro, quienes han estimado que del billón de dólares que ingresó Venezuela durante la bonanza petrolera, unos US$300.000 millones habrían sido malversados.

En el pasado mes de enero, la Asamblea Nacional declaró que Maduro había “abandonado su cargo” pues, a su juicio, se trata de un “gobierno fallido y forajido”, al decir del diputado opositor Henry Ramos Allup, y aunque dicho pronunciamiento era meramente retórico, sí evidenció una ruptura total entre el ejecutivo y los representantes de la soberanía popular que, no olvidemos, pertenece al soberano (el ciudadano) y no al Presidente venezolano.

De ahí el choque institucional entre los poderes del Estado pues el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ha ordenado a la Asamblea “abstenerse de continuar el procedimiento de declaratoria de ‘responsabilidad política’ contra el presidente” y de “dictar cualquier tipo de acto que se encuentre al margen de sus atribuciones constitucionales”.

En Venezuela, la Constitución de 1999 no prevé la figura del “juicio político” como en EEUU o Brasil y la eventual destitución del presidente es solo un atributo del máximo tribunal, o podría resultar de un referendo revocatorio.

En este escenario político, el pasado miércoles, el Tribunal Supremo asumió las competencias de la Asamblea Nacional, con el pretexto de poder aprobar contratos vitales para la economía local. Y todo ello pese a que el pasado 6 de diciembre, 14 millones de ciudadanos expresaron su posición política en las urnas, dando el triunfo a la oposición, un triunfo que Maduro jamás reconoció; en un país en que está pendiente la realización de la elección de gobernadores y donde el gobierno chavista ha hecho todo lo posible para que no prosperara el referéndum revocatorio contra Maduro.

El hecho reviste notable gravedad pues, con esa acción, el Tribunal Supremo ha usurpado los poderes de la Asamblea Nacional, quedando las funciones legislativas en manos de la sala constitucional de la Corte, compuesta por siete magistrados que fueron elegidos a dedo por el chavismo.

Tal fue la gravedad de los hechos que la Fiscal Luisa Ortega Díaz, aseguró que la sentencia del Tribunal Supremo rompía el orden constitucional; y ello unido a las presiones de la comunidad internacional, a las denuncias de la oposición y a las divisiones internas en el seno del ejército venezolano, condujo a Maduro a dar macha atrás en su intentona golpista para, en menos de 48 horas, rectificar junto al Tribunal Supremo de Justicia y devolver sus competencias a la Asamblea Nacional junto a la inmunidad de sus diputados.

Venezuela no dictadura 1

Ese retroceso del régimen chavista no es óbice para que Venezuela recupere cuanto antes su estabilidad política e institucional, y se libere del yugo totalitario impuesto por el chavismo.

Los ciudadanos venezolanos merecen proyectarse, individual y colectivamente, en un sistema democrático, sin presos políticos, sin funcionarios investigados por tráfico de drogas y sin políticos corruptos que esquilmen el tesoro nacional, generando deuda externa para las futuras generaciones.

El tiempo de Maduro, y de su dictadura, debe terminar.

Y aunque sus chacales aúllen, en España o en Venezuela, lo cierto es que la luna no se caerá del cielo y que las ansias de libertad del pueblo venezolano no retrocederán ante la prepotencia y violencia del régimen.

Como dijera Ludwig von Mises en “El Estado Omnipotente” (1944), “el que aboga por las dictaduras siempre aboga por el control sin restricciones de su propia voluntad.”.

A la luz de los acontecimientos recientes, los venezolanos se niegan a que su voluntad sea controlada por un estado omnipotente.

 

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