SIRIA: Mentiras de lo políticamente correcto.

Habiéndose producido el pasado 4 de abril, el bombardeo por parte del régimen de Bashar al-Ásad contra la ciudad de Jan Sheijun, en la provincia de Idlib (Siria), hecho denunciado por la Coalición Nacional de Fuerzas Opositoras y Revolucionarias de Siria (con un trágico saldo de 80 muertos y 200 heridos a causa de un supuesto ataque químico), en los últimos días se ha producido el ataque de los Estados Unidos de Norteamérica contra una base militar del gobierno sirio.

Estos sucesos, del mismo modo que los acontecidos en 2013 después de que el expresidente estadounidense, Barack Obama, amenazara a Siria con una guerra directa, son cuanto menos confusos pues, como aconteciera en aquellos sucesos, las armas químicas podrían haber sido tenidas en su poder por los yihadistas y no sólo por el gobierno sirio.

No olvidemos que la Comisión de Armas Biológicas y Químicas de la ONU (OPAQ), verificó la requisa y destrucción de todo el arsenal químico sirio (en el año 2014), éxito que atribuyó a su gestión el Presidente Barak Obama, con la presencia de inspectores de ese organismo, aunque nadie se preocupara de exigir a la oposición siria la entrega y destrucción de sus propias armas químicas.

En esta ocasión, a diferencia de lo acontecido en el año 2013, cuando el gobierno norteamericano decidió suspender el ataque que planeaba realizar contra el gobierno sirio para no abrir un nuevo frente bélico en la región, el Presidente Trump ordenó atacar, hecho que fue aplaudido por el establishment periodístico que tanto ha atacado – y ataca – al nuevo mandatario.

Pero, ¿es posible que Bashar al-Ásar se haya vuelto loco y haya ordenado atacar empleando armas químicas cuando va ganando la guerra contra los terroristas y ha recuperado la mayor parte del territorio que llegó a controlar ISIS?

¿Fue legítima la acción de represalia militar ordenada por el Presidente Donald Trump quien no contó con la expresa autorización del Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica para bombardear Siria, y sin que se hubiese producido un ataque directo contra los Estados Unidos? ¿O acaso la orden de atacar Siria en momentos de tensión dentro de EEUU al iniciarse las investigaciones sobre la relación Trump – Rusia, que podrían terminar con la detención de allegados al presidente?

Para muchos analistas, Trump no ha hecho otra cosa que atacar al gobierno que más golpes y más derrotas ha causado al Estado Islámico y que lo había acorralado con el apoyo militar de Rusia.

¿Obedece el ataque norteamericano a la decisión del Presidente Trump de granjearse el apoyo de propios y ajenos (demócratas) ante el fracaso de sus planes y reformas propuestos en el Congreso?

Estados Unidos, siguiendo una política internacional que fue consolidada durante la administración Obama, tenía el objetivo de evitar la influencia de Rusia en el Mediterráneo y, junto a Israel, habría financiado a ISIS para precipitar la desintegración política de Siria, abrir nuevas rutas para el petróleo de Oriente Medio y controlar políticamente la región, llegando dicha estrategia al extremo de que este Israel brinde asistencia sanitaria en sus hospitales a los combatientes heridos de Daesh (ISIS).

En este sentido, y tal como ha denunciado el portal norteamericano Veterans Today el líder de Daesh, Ibrahim al-Samarrai, alias Abu Bakr al-Baghdadi, es un judío que recibió entrenamiento militar de los servicios secretos del régimen de Tel Aviv. Y hace pocas semanas el grupo yihadista takfirí EIIL (Daesh, en árabe) ha explicado en un artículo publicado en su semanario Alnaba por qué no tiene planes para lanzar ataques contra el régimen de Israel. Según el texto, la lucha contra el régimen de Tel Aviv vendrá después, y la harán los musulmanes palestinos. Además, los musulmanes sirios y egipcios, después de derrocar a sus propios gobiernos, ayudarán a los palestinos en su batalla contra el régimen israelí.  

No deberíamos olvidar que el General Wesley Clark, ex comandante supremo aliado en Europa de 1997 a 2000, afirmó – en declaraciones a la CNN – que el Estado Islámico nació gracias al apoyo de aliados y amigos de Estados Unidos, para combatir a Hezbolah y que, a partir del año 2003, EEUU iniciaría una campaña de guerra en Irak que extendería luego por Siria, el Líbano, Libia, Somalia, Sudán y, al final, Irán.

WESLEY CLARK

General Wesley Clark

Por tanto, conforme las declaraciones de Clark, EEUU se había propuesto atacar militarmente a 7 países en pocos años, realizando un guiño hacia Arabia Saudí, para convertir a Estados Unidos en la única potencia militar global y mantener los intereses del complejo militar industrial.

¿Hay intereses económicos de por medio? Evidentemente.

Derrotar a Siria y controlar a su gobierno permitiría extraer todo el petróleo de Oriente Medio y trasladarlo hacia el Mediterráneo, evitando dar la vuelta por el Canal de Suez, con el consiguiente abaratamiento de costes y eliminando, de ese modo, la amenaza que el actual gobierno sirio tiene con el estado de Israel por los Altos del Golán.

Siria

Fragmentar a Siria y hacer caer a su gobierno permitiría sacar de escena a uno de los enemigos principales de Israel, aún a costa de entregar parte del territorio sirio al Daesh o a otros grupos islámicos dispuestos a imponer a sangre y fuego la Sharía.

¿Es al-Ásad un criminal? Indudablemente. Y prueba de ello son las torturas, crímenes y detenciones practicadas por sus agentes secretos y por sus fuerzas de seguridad entrenadas por servicios secretos de los países del Este. Pero, aunque el régimen creado por el padre del actual mandatario haya nacido en 1970 con esas características, no es menos cierto que se trataba de una dictadura que había posibilitado un clima de paz interior, de progreso y de convivencia entre musulmanes y cristianos que no existe en otros países de la región.

¿Tenía al-Ásad armas químicas? Sin dudas. Pero, no olvidemos que, pese a existir una Convención que prohíbe el uso de armas químicas (1925), el uso de las mismas ha sido patrimonio de Francia (en la primera Gran Guerra), de Alemania (en 1914), de Gran Bretaña (en ocasión, por ejemplo, de las revueltas de Irak entreguerras), de España (guerra de Marruecos), de Libia (en Etiopía) o de Japón; e incluso los EEUU emplearon el agente naranja durante la Guerra de Vietnam (pese a haberse sumado tardíamente a esa Convención), Israel ha empleado el fósforo blanco sobre Gaza y Arabia Saudí las está empleando profusamente contra Yemen. Y ello con la indiferencia de Occidente. Pero detengámonos brevemente en este punto.

Arabia Saudí y sus aliados emplean armas químicas contra Yemen. Y nadie en Occidente parece escandalizarse, ni en España, ya que el régimen saudí beneficia económicamente a intereses españoles y europeos. El conflicto, iniciado en el año 2015, ha acabado con la vida de 12.000 civiles, generando tres millones y medio de desplazados y una situación de emergencia humanitaria que afecta al 83% de la población yemení. Todo con el silencio y la inacción de los Estados Unidos, de Israel y de Europa Occidental.

¿Siria tiene un gobierno dictatorial? Naturalmente. Pero, en el contexto internacional actual, existen muchas dictaduras o regímenes totalitarios, siendo Corea del Norte un ejemplo de ello. Sin embargo, Corea del Norte no tiene petróleo ni amenaza a Israel o a los Estados Unidos. Y por tanto no es prioridad en la agenda internacional, aunque disponga de armamento nuclear.

Criar y confiar en serpientes es propio de muchos políticos norteamericanos y europeos, serpientes que, en ocasiones, han sido presentadas por las autoridades y por el cine de EEUU como “luchadores por la libertad”, tal el caso de los talibanes afganos financiados por la CIA y que “luchan” junto a Sylvester Stallone, en el papel de Rambo, contra el totalitarismo soviético.

Antes de la guerra desatada “desde el extranjero”, Siria era un país próspero, limitado por Turquía, Israel, Irak, Libano y el Mar Mediterráneo. Y aunque su gobierno fuese una dictadura, el país vivía en paz hasta hace no muchos años.

A partir del año 2011 Estados Unidos comenzó a involucrarse directamente en los movimientos de protesta en Siria, de modo similar a cómo lo había realizado en Libia y en Egipto, para hacer caer al régimen de Bashar al-Ásad, aliado de Irán.

Las denominadas primaveras árabes, financiada por determinadas fundaciones e intereses políticos y económicos, fueron “vendidas” por los medios periodísticos del establishment y del complejo militar industrial como “revueltas del pueblo pidiendo democracia” aunque nada de ello tuviese nada de cierto.

Siria nunca tuvo democracia. Ni jamás conocieron la democracia Libia, Egipto o Irak. Y resulta un tanto pretencioso que los occidentales impongamos un modelo político totalmente ajeno a esos países.

Nuestro concepto de democracia es ajeno a la cultura de Oriente Medio y urge acabar con las matanzas, con el exilio y con la destrucción de Siria, aunque ello implique la continuidad del régimen de Bashar al-Ásad.

Recordemos que en el año 2013 tuvo lugar la peor matanza de cristianos sirios, con mujeres y niños torturados hasta la muerte y templos cristianos destruidos, cuyos autores fueron los islamistas del Daesh apoyados por Estados Unidos. Esas matanzas impulsaron a la población siria a manifestarse en repudio de esos crímenes y en apoyo del presidente Bashar al-Ásad, hechos que fueron tergiversados por la prensa occidental para exponerlos como una nueva primavera árabe.

Los sirios sabían que, aunque su gobierno fuere un régimen autoritario, siempre sería un mal menor comparado con los islamistas y con el régimen de terror que estos imponían en los territorios por ellos ocupados.

En Siria sus autoridades no habían impuesto la Sharía, su gobierno respetaba el culto católico apostólico romano y la economía era próspera. El país contaba con casi 21 millones de habitantes, de los cuales, hoy, unos 12 millones se han transformado en refugiados y no se podrán comenzar a solucionar los problemas de Siria hasta que el conflicto llegue a su fin y, para ello, es imprescindible que occidente deje de financiar al Daesh.

Rusia se ha constituido como la única defensa y apoyo del régimen sirio, pese a las acusaciones del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica contra el gobierno de Bashar al-Ásad, único estadista que ha podido enfrentarse a los grupos terroristas de Daesh con el respaldo de Vladimir Putin. Y aunque el régimen sirio haya cometido crímenes y esté sospechado de haber impulsado acciones terroristas, Occidente debe comprender que las crucifixiones, los apedreamientos, las torturas, los homicidios, las violaciones, los ataques aéreos y la expulsión de millones de personas, deben cesar, poniendo fin a ese brutal juego geopolítico, en el cual los únicos perjudicados han sido los sirios (cristianos y musulmanes).

Las terminales mediáticas de Estados Unidos y de sus aliados en Europa no han dudado en tergiversar los hechos y en manipular el cuerpo de un niño muerto para satisfacer sus intereses estratégicos.

niño sirio

Imagen del pequeño Aylán muerto en su intento de llegar a Europa

Los sirios no son el enemigo. Ni Rusia lo es, más allá de las diferencias geoestratégicas que separen a EEUU y a Europa de Putin.

El enemigo de Occidente es el islamismo terrorista que no dudará en atacar Europa y los Estados Unidos en cuanto lo considere oportuno.

¿Cuántos ataques más como el de Charlie Hebdó, o el de la Sala Bataclán de Paris, o el del puente de Londres de este año 2017 hemos de tolerar?

Los islamistas quieren imponer un califato demencial bajo la ley de la Sharía, exigiendo a los cristianos de Irak, de Siria y de otros países que se conviertan al Islam, que huyan, o que mueran. Por ello, los cristianos y musulmanes sirios merecen que alguien se preocupe de ellos y no quedar a merced de que sus viviendas sean “marcadas” por los terroristas islamistas con una N (símbolo de nazareno) y ver como “futuro” sólo tres opciones: convertirse al Islam, huir al exilio o ser ejecutados.

NUN

La violencia no sólo ha afectado a países como Siria o Irak. Podría extenderse a países como Irán. Y dicho escenario podría constituir no sólo el fin del cristianismo en Oriente Medio, sino que podría marcar el principio del fin de la cultura occidental en Europa.

El peligro crece cada día. Y lo vemos en los últimos tiempos.

Según un estudio realizado por el Consorcio para el Estudio del Terrorismo y las Respuestas al Terrorismo (START), desde 1970 y hasta diciembre de 2015, se registraron más de 24.000 actos de terrorismo en Europa. De ellos, casi 7.000 causaron al menos una víctima mortal, ascendiendo las víctimas a más de 19.000 muertos en los últimos 46 años.

Y esto no parece preocuparle ni a la casta política española, ni a la casta política europea.

Si Arabia Saudí y otros países musulmanes ricos financian mezquitas y proyectos varios en Occidente, hemos de exigir a esos países que otorguen refugio a sus hermanos musulmanes oriundos de zonas en conflicto y que cesen en su financiamiento a grupos radicales islámicos en la región.

España debe bregar por una nueva política de seguridad de la Unión Europea, e impulsar la modificación de la legislación vigente en materia de inmigración y libertad de circulación de personas en su territorio pues, de no frenar la avalancha inmigratoria de musulmanes, Europa se suicidará demográficamente en menos de 50 años. Y todo ello con la complacencia de la izquierda, con el respaldo de los nacionalismos secesionistas y bajo un engaño político permanente impulsado por los gobiernos europeos y por los propagadores de la ideología de género y del multiculturalismo.

Europa debe definir sus propias hipótesis de conflicto, diseñar sus propias estrategias antiterroristas, adoptar medidas políticas y legales que frenen la  propagación del islamismo, incrementar los fondos presupuestarios para defensa y seguridad y separarse de aventuras con olor a petróleo que le han llevado a descuidar sus fronteras, posibilitando la invasión del continente por millones de musulmanes.

Siria no es el enemigo, ni Rusia lo es.

Si lo son aquellos que han financiado – y que financian – grupos terroristas en países extranjeros para desestabilizar regímenes (por muy abyectos que sean), desintegrar estados o impedir a otras naciones su influencia en Oriente Medio y el Mediterráneo.

Como dijera Serge Trifkovic “El hecho de que no se encuentre ‘conciencia humana’ alguna en la Casa Blanca o en los despachos de los editores de los principales medios occidentales es algo que ya ha quedado establecido de sobra. Intenten, simplemente, buscar ‘Sadad’ (lugar donde se cometió una de las mayores masacres de cristianos sirios) en las páginas web del Departamento de Estado o del ‘New York Times’. Lo mismo es aplicable a los principales diarios europeos, a la CNN, la BBC o la RTF, las ONG pro derechos humanos, etcétera.

El problema ya no reside en la mera indiferencia de las élites occidentales ante la inminente desaparición de la Cristiandad en la tierra donde nació, sino en su colaboración activa, sostenida y abierta a dicha desaparición. Chipre (1974) y los Balcanes (1991-9) fueron un ensayo; Irak (entre 2003 y hoy), la prueba concluyente. En Siria, la Administración Obama sigue comprometida en el apoyo a los rebeldes –ah, sí, sólo a los ‘moderados’, como los asesinos de cristianos del ‘Ejército Libre Sirio’  no ‘pese a que’ el resultado sea el mismo, sino precisamente porque lo será.”

Recuperar la racionalidad, la civilización cristiana y la humanidad son los desafíos de los tiempos en que vivimos, pese a que el post cristianismo sólo persista en la propaganda contra la religión, en el adoctrinamiento disgregador de la familia y de los Estados nacionales, y en la persecución de la familia, sosteniendo como nueva religión el denominado multiculturalismo y la ideología de género.

Como todos sabemos, en el mundo existen muchas dictaduras. Y el régimen sirio es una de ellas.

Pero, quizás, en estos tiempos no exista ninguna alternativa política al gobierno de al-Ásad. Su derrota implicaría un agravamiento del caos reinante y la disgregación política y territorial del país.

Rusia y Estados Unidos deberían haber aprendido las lecciones históricas de la guerra en Afganistán o las que se desprenden del derrocamiento de Saddam Hussein o de Muamar Muhamad Abu-minyar el Gadafi.

Es imperioso que Occidente, Rusia y el gobierno sirio conformen una gran alianza contra el terrorismo del Daesh; y que lo combatan con todos los medios materiales a su alcance, militares, políticos, diplomáticos y legales.

De no hacerlo habrá triunfado la dictadura de lo políticamente correcto; dictadura que busca ocultarnos la realidad siria, que pretende hacernos sentir culpables de las consecuencias humanas de un conflicto desatado por otros, y que procura volvernos insensibles ante las matanzas de cristianos en Oriente Medio, amparándose en la complicidad – bien subvencionada – de los principales medios de comunicación internacionales. Y, como expresa un dicho popular, “el hombre recurre a la verdad sólo cuando anda escaso de mentiras.”

Evidentemente a la mayoría de los ciudadanos les sobran las mentiras pues sólo algunos aspiramos a acercarnos a las verdades, aunque nos duelan, y aunque no respondan a lo políticamente correcto.

 

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