Es la guerra santa, DESPERTAD!

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A pocos días del atentado cometido por musulmanes yihadistas en las ramblas de la ciudad de Barcelona, y tras una serie de hechos violentos cometidos por musulmanes radicales en distintas partes de Europa, cabría preguntarnos qué es el islam, que es la yihad y cómo podríamos minimizar el riesgo de padecer atentados de estas características.

El Islam comenzó a principios del siglo VII con un hombre llamado Muhammad, quien habría sido visitado por el arcángel Gabriel durante casi 23 años recibiendo del mismo las palabras de Dios, a quien los musulmanes denominan Allah. Esas “revelaciones”, auténticos mandatos para la vida, fueron transmitidas e impuestas por Muhammad a sus seguidores, y recopiladas, muchos años después, en diversos ejemplares del Corán, hasta que sólo fue escogida una versión oficial y destruidas todas las demás.

Porque, partiendo del propio significado del vocablo Corán, que significa recitación, hemos de decir que, según la tradición islámica, fue el propio Muhammad quien recitó las revelaciones del arcángel Gabriel, para que sus seguidores las memorizaran, pues el profeta no sabía leer ni escribir, hecho señalado por el propio Corán, aunque también exista otra aleya conocida como “La congregación” que podría dar a entender lo contrario, al afirmar que:Fue Dios quien levantó de entre los iletrados un Apóstol de entre ellos mismos, recitando Sus Señales, purificándoles y enseñándoles el Libro y la sabiduría…”

Fueron los acompañantes de Muhammad los que comenzaron a registrar las azoras de forma escrita, antes de la muerte de aquél en el año 632. Eso implicó la existencia de una multiplicidad de coranes y de “versiones coránicas” aunque, en la actualidad, sólo exista una versión del libro, tras la recopilación realizada durante el mandato del primer califa, Abu Bakr as-Siddig Zayd Ibn Thabit, sucesor del profeta, quien ordenó reunir el Corán a partir de varias piezas de hueso y de los pechos (es decir, ‘los recuerdos’) de los hombres. Esa  recopilación fue conservada por Hafsa bint Umar, hija del segundo califa Umar y una de las viudas de Muhammad.

Durante el califato de Utman ibn Affan, hubo disputas relativas a la recitación del Corán. En respuesta, Utman decidió codificar, estandarizar y transcribir el texto. Se dice que Utman comisionó a un comité (que incluía a Zayd) para poder producir una copia estándar del texto.

Según algunas fuentes, esta recopilación se basó en el texto conservado por Hafsa. Otros estudiosos indican que Utman hizo esta recopilación de manera independiente, y hay eruditos musulmanes que afirman que si el califa hubiera ordenado la recopilación del Corán, este nunca habría sido relegado al cuidado de una de las viudas del profeta. Al finalizar dicha recopilación (años 650 – 656 de nuestra era), Utman envió copias del texto a distintos rincones del imperio islámico, ordenando la destrucción de todas las versiones existentes que no coincidieran con su texto.

Dicho esto, simplemente como indicativo de la complejidad de conocer la verdad “histórica” de las revelaciones que habría recibido Muhammad, diremos que los musulmanes creen que el Corán es la perfecta palabra de Dios o Allah, aunque no es la única fuente, pues a ello hemos de sumar la SUNNA, entendida como una colección de enseñanzas, dichos y aprobaciones (o desaprobaciones) silenciosas del profeta islámico Mahoma y algunos de sus compañeros y, de ambas fuentes, surgen las bases de la religión musulmana y de la legislación que rige todas las fases y aspectos de la vida de un fiel.

Las creencias fundamentales del Islam son que Allah es el único Dios y que Muhammad fue su profeta. Por la simple declaración de estas creencias, una persona puede convertirse al Islam. La palabra musulmán significa “uno que se somete a Allah.”

Los musulmanes basan su vida en el cumplimiento de cinco pilares, aunque diversas fuentes islámicas agregan un sexto pilar al que nos referiremos a continuación. Esos pilares son:

  • El testimonio de fe: No hay un dios verdadero sino solo Dios (Allah), y Muhammad es su Profeta
  • La oración o azalá es el segundo pilar del islam. Cada musulmán debe rezar cinco veces al día en dirección a La Meca;
  • La limosna o El Zakat, implica que cada musulmán debe dar cada año una limosna a las personas más pobres de su comunidad, empezando por familiares y vecinos a fin de limitar la acumulación de riquezas, purificar el alma de la avaricia y la codicia, ayudar a los pobres y necesitados, crear espíritu de comunidad y ayudar a la creación de obras de utilidad pública como escuelas u hospitales
  • El ayuno o rawm del mes de ramadán (noveno mes del calendario islámico) del que sólo están exentos las personas enfermas, los viajeros, los niños, las mujeres embarazadas y las mujeres con el periodo menstrual.
  • El hajg o “peregrinación a La Meca”, por el cual cada musulmán debe peregrinar al menos una vez en la vida a la ciudad de La Meca, siempre y cuando tenga los medios económicos y las condiciones de salud necesaria
  • La Yihad fue declarada por los primeros líderes musulmanes el sexto pilar no oficial del islam. Según los textos históricos, la yihad era un estado de movilización en interés de la umma (nación) musulmana y surgió a medida que ésta desarrollaba sus dimensiones militares y estratégicas. Cuando los musulmanes huyeron de la opresión que ejercía la clase dirigente pagana de La Meca, se definieron como una umma. Tras asentarse en Medina, al norte de La Meca, los seguidores de Mahoma constituyeron una institución militar y política. Decidieron erradicar la institución dirigente de La Meca y sustituirla por una dawla, un Estado, el futuro dawlat al Islam, el Estado del islam, que pronto daría lugar al Estado islámico

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    La Piedra Negra es una reliquia que según la tradición islámica se remonta a los tiempos de Adam (Adán) y Hawa (Eva)  Es considerada por los musulmanes como una piedra del Paraíso. Se encuentra en la esquina oriental de la Kaaba, el edificio cúbico de piedra hacia el que los musulmanes se orientan para orar, en el centro de laMezquita de La Meca.

 

Relacionado con el punto anterior diremos que, a lo largo de trece siglos y, al menos hasta la caída del sulfanato y el califato en 1923, la Yihad y la Fatah (conquista) inspiraron, movilizaron y nutrieron ideológicamente al mundo musulmán y a sus fieles.

 

Los musulmanes moderados (aunque hay opiniones dividadas al respecto de si es posible calificar de ese modo a quien crea en todos los preceptos del Corán) sostienen que el vocablo yihad también se aplicaba al conflicto espiritual del individuo, relacionándolo con una depuración interior, de allí que la palabra yihad signifique esforzarse, interior y exteriormente para extender el Islam, combatiendo si es preciso. Para los musulmanes chiitas, la yihad constituye el sexto pilar del islam, término que va desde la persuasión oral ejemplarizante (hasta el 622) a la guerra ofensiva (622-632).

Muchos jurisconsultos musulmanes diferencian entre una guerra defensiva y, en ocasiones, preventiva. Este tipo de yihad “defensiva” es considerada para corrientes espiritualistas y moralistas como “pequeña yihad”. Según su planteamiento la “gran yihad” estaría reservada al combate espiritual contra las fuerzas del mal que existen en el interior de cada ser humano, así como contra los vicios e injusticias de la sociedad. En el Corán esta obligación se hace extensible a todos los creyentes. Es mencionada en 26 ocasiones. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos el vocablo “yihad” puede distinguirse de otros términos coránicos, como “combatid” o “matad”, usados para designar “guerra santa”.

En la actualidad, y más allá de estos debates doctrinarios, lo cierto es que, desde la estancia de Mahoma en Medina, se fue generalizando una concepción de yihad como “acción bélica” ejercida contra los enemigos de la Unma. Esa yihad bélica, también ha tenido un carácter ambivalente: ofensivo-defensivo.

AVERROES
Filosofía Averroes

Sobre ello, el filósofo cordobés Averroes (1126-1198) la yihad no es un fin en sí misma, ya que es la consecuencia del desorden y la corrupción del sistema. Más bien, apuesta porque sea definida como un medio legítimo para que la autoridad pueda cumplir su misión de instaurar un orden social en territorios del Islam.

Averroes, en su “Libro del Yihad” aborda dos cuestiones: la obligación de la guerra santa de todo musulmán contra los politéistas (cristianos) y la legitimidad de poseer el botín capturado en esa guerra. El filósofo y escritor afirma que «El hecho de haberse decidido la generalidad por considerar tal precepto como una obligación débese a las palabras del Corán: “se os ha prescrito el combatir aunque lo aborrezcáis”. Y el hecho de que la Yihad sea obligatoria para todo musulmán haya su origen en otro artículo del Corán: “No deben los creyentes en su totalidad rechazar [al enemigo]” y al siguiente:  “Y a ambos prometió Dios la gloria“.  Además, durante su vida, el Profeta nunca salió a combatir sin dejar hombres en sus dominios, combates que consideraban como una carga obligatoria para toda la comunidad.

En síntesis, es obligación de todo musulmán combatir a los politeístas hasta que acepten la religión islámica o paguen tributo a los musulmanes.

Cuando, en nuestro tiempos, analizamos la realidad y los hechos del ISIS, o de Boko Haram, o de Al Qaeda y otros grupos islamistas, la Yihad implica el sometimiento y capitulación total de territorios y poblaciones completas de esos territorios a la ley islámica y al poder del Califato.

La yihad ofensiva fue consustancial al avance del Islam por territorios no islámicos, sirviendo para legitimar políticamente el poder califal y para cohesionar la comunidad musulmana (Unmma).

Además de esta yihad contra los enemigos externos exista una yihad intra islámica, derivada de la escisión histórica entre chiíes y sunníes tras la muerte de Muhammad. Esta yihad es rechazada por la sunna y la mayoría de los chiíes, pero sí ha generado seguidores radicalizados en ambos sectores.

Por su parte la jurisprudencia sunní ha estipulado que la declaración de la yihad sólo corresponde al gobernante, a la comunidad y no a una facción de ella o a cada creyente individual, quedando exentos de ella las mujeres, menores de edad, enfermos y discapacitados, quienes no obtengan permiso de sus padres y algunos responsables públicos.

Pero otros afirman la posibilidad de emprender la yihad de forma individual, ateniéndose al mandato de la doctrina jurídica que vela por el orden (hisba) y que evita que el sistema islámico quede viciado. Y aunque existan musulmanes “no yihadistas” , y la yihad ofensiva haya sido rechazada en forma tajante por algunos pensadores sunníes, lo cierto es que el terrorismo islamista recurre permanentemente a la Yihad para justificar su accionar criminal.

La implementación de la yihad ofensiva ha sido tajantemente rechazada por los pensadores liberales, los sunníes ilustrados, quienes optan por una predicación o dawa pacífica.

De todo lo anterior, podría concluirse que el islam no es una religión, ni mucho menos una religión de paz, sino que constituye un proyecto político social totalitario que busca imponer una uniformidad religiosa y política, arrasando con la tradición judeo cristiana de Europa Occidental, y sometiendo o eliminando a todas aquellas personas que no comulguen con dicha cosmovisión. Todo ello en el marco de la Yihad, como resultado de la creencia islámica en que todo musulmán debe luchar contra los infieles, a quienes consideran politeístas (caso de los católicos apostólicos romanos), por defender que Dios se hizo hombre y por creer en la Santísima Trinidad.

Recordemos que  la Santísima Trinidad es el dogma central sobre la naturaleza de Dios en la mayoría de las iglesias cristianas, creencia que afirma que Dios es un ser único que existe como tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo

Los atentados de Barcelona y de Cambrils, unidos a la explosión de la vivienda de Alganar y a la radicalización impulsada por un imán radicado en España, evidencian una planificación criminal que ha de inscribirse en la guerra santa que el islamismo ha declarado a Europa. Y desnudan la irresponsabilidad de quienes, incluso mediando orden de expulsión de España de ese imán, posibilitaron su ingreso en territorio belga y, posteriomente, su radicación en España.

Esos crímenes, que han cercenado vidas inocentes en Cambrils, en Barcelona, en Londres, en Paris, en Helsinki, en Irak, Afganistan o Nigeria, han dejado un saldo de al menos 10.326 víctimas mortales durante este año 2017, de acuerdo a estudios realizados por el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo, único registro internacional sobre ataques yihadistas que recoge como fuentes los datos de la Oficina Europea de Estadística (EUROSTAT), los comunicados oficiales emitidos por los gobiernos de los países afectados y las crónicas de los distintos medios de comunicación internacionales.

Y aunque algunos dirigentes políticos, principalmente izquierdistas, pro terroristas o secesionistas, hayan atribuido dichos episodios a la supuesta discriminación sufrida por los colectivos de inmigrantes musulmanes, lo cierto es que estos crímenes no se deben atribuir a las supuestas “desventajas materiales y afectivas” de dichos colectivos. Ejemplo de ello es el caso de Mohamed Hichamy, uno de los terroristas marroquíes muerto en Cambrils, quien se desempeñaba como encargado en una empresa, tenía un salario de más de 2.000 euros al mes y vivía en una vivienda protegida de la ciudad de Ripoll.

Volviendo a la historia, es posible afirmar que el islam, desde su nacimiento en el siglo VII, ha ejercido la violencia contra sus enemigos: judíos, cristianos, árabes no musulmanes, íberos, etc., y aunque en occidente ciertos determinados dirigentes occidentales, políticos y religiosos, sigan empeñados en desconocer esa realidad, los hechos históricos están a disposición de todo aquél que se moleste a estudiarlos.

Llegados a este punto, algunos podrán afirmar que el cristianismo, o el judaísmo, el hinduismo, el budismo u otras religiones han provocado crímenes durante la historia de la humanidad. Y ello es cierto. Sin embargo, en la actualidad, nadie en el cristianismo propone cruzadas de fe, ni otras religiones impulsan una “yihad“ en nombre de Jesús y del cristianismo, o en nombre de Yaveh y la Torah, ni en nombre de Buda u otras religiones. Pero los musulmanes yihadistas sí practican la Yihad o guerra santa entendida como lucha permanente contra el infiel, la cual constituye uno de los pilares del islam, recogido en numerosas suras del Corán y en los hadices, o relatos de la vida del profeta Muhammad, ya se trate de sus palabras, de la descripción de sus actos o de sus reacciones ante los actos de sus seguidores.

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El Corán, libro sagrado del Islam

Son los propios musulmanes quienes afirman que no hay diálogo posible entre Occidente y el islam. Ejemplo de ello puede apreciarse en la Sura 5:51 que reza “¡Creyentes! ¡No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos! Son amigos unos de otros. Quien de vosotros trabe amistad con ellos, se hace uno de ellos. Alá no guía al pueblo impío.” O la Sura 5:59 que expresa: “¡Creyentes! No toméis como amigos a quienes, habiendo recibido la Escritura antes que vosotros, toman vuestra religión a burla y a juego, ni tampoco a los infieles. ¡Y temed a Alá, si es que sois creyentes!”

O lo dispuesto en la Sura 9:5, “Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociadores dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes! Pero si se arrepienten, hacen la azalá y dan el azaque, entonces ¡dejadles en paz! Alá es indulgente, misericordioso.”

De allí que estudiosos del Islam nos señalen que en el Corán existen 255 versículos que animan a los musulmanes a matar a los cristianos, a los judíos y a los “infieles”.

Pese a ello la izquierda radical y los falsos profetas de la fe afirman que el Islam es una religión de paz y no hay nada más alejado de la verdad. Como hemos afirmado, el Islam es un movimiento social político dictatorial dominante que, desde el Siglo VII, combate a los que considera infieles a través de la Yihad.

Los crímenes del Islam comenzaron cuando el Profeta, en vida, atacó a distintas tribus que consideraba enemigas, procediendo a asesinar lo que denominaba “apostatas”. Así, entre los años 624 y 627, atacó a cuatro tribus judías, asesinando y decapitando a miles de hombres y sojuzgando sexualmente a sus mujeres, y esclavizando a sus hijos. O algo similar podría decirse de la decapitación como práctica de los islamistas, que haya su origen en la octava esposa de Muhammad, Yuwairiyah, quien mató a su padre, decapitó a su esposo que era poeta y asesinó a sus hijos para contraer matrimonio con el profeta; de tal práctica viene la decapitación en el Estado Islámico.

Véase al respecto lo establecido en la Sura 9:29, 29. “¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Alá ni en el último Día, ni prohíben lo que Alá y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente!”

Los musulmanes que, desde hace tantos siglos, combaten a todos aquellos que no profesan ese proyecto, no están haciendo nada contrario a lo que ha establecido el Corán como ley. Ejemplo de ello es lo establecido en la Sura 47.4: Cuando sostengáis, pues, un encuentro con los infieles, descargad los golpes en el cuello hasta someterlos. Entonces, atadlos fuertemente. Luego, devolvedles la libertad, de gracia o mediante rescate, para que cese la guerra. Es así como debéis hacer. Si Alá quisiera, se defendería de ellos, pero quiere probaros a unos por medio de otros. No dejará que se pierdan las obras de los que hayan caído por Alá.”

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Reivindicación 2
Comunicado de Estado Islámico reivindicando la autoría del atentado terrorista en Barcelona y Cambrils.

Todo esto, independientemente de lo que establezcan posturas multiculturales ligadas a la ideología de género, muestra que el islam es incompatible con Occidente, es enemigo de nuestra libertad y amenaza nuestra concepción de los derechos de la persona humana. Ejemplo de ello es que, mientras los colectivos de mujeres feministas atacan el ideario cristiano, llegando incluso a profanar capillas, o exhibirse con pantalones blancos y sin protección íntima durante su período menstrual en la puerta de una Catedral, nada dicen, ni condenan el denominado “matrimonio de placer”, practicado por Muhammad en vida (quien llegó a tener 55 mujeres), que hoy continúa practicándose en países musulmanes y que lleva a los terroristas del ISIS a contraer matrimonio con sus cautivas, antes de violarlas para, posteriormente, repudiarlas y entregárselas como mercancía a otros islamistas.

Podríamos continuar exponiendo muchos otros aspectos de la historia, prácticas o costumbres del islam, pero lo que nos preocupa – y debe ocuparnos – es el estado de guerra en que nos encontramos producto de la ofensiva yihadista en nuestras sociedades; ofensiva que nos muestra:

  • Que el enemigo está dentro de nuestras fronteras, entendiendo por tales el espacio territorial común de los países que integran la Unión;
  • Que existen un número importante de musulmanes radicados en Europa dispuestos a atentar contra las sociedades que los acogieron, independientemente de que dichos sujetos sean inmigrantes de primera, segunda o tercera generación;
  • Que ha llegado la hora de comprender que el enemigo islámico está dispuesto a causar el mayor número posible de víctimas mortales en territorio español y que hay que escoger entre ellos y nosotros;
  • Que la solidaridad bien entendida comienza por asumir que estamos inmersos en una guerra contra el terrorismo islamista y que no basta con posiciones defensivas en los terrenos militar, diplomático, internacional y político;
  • Que la guerra contra el islamismo requiere adoptar medidas contundentes y efectivas contra quienes propaguen, defiendan, apliquen o impongan ideas islamistas.

A partir de ello, cabría adoptar una serie de medidas, a saber:

  • Expulsión inmediata de todos los imanes que no condenen expresamente el yihadismo y de todos aquellos musulmanes que practiquen la sharía, independientemente de su status jurídico como inmigrante legal, nacional de un estado miembro, refugiado político o la condición que fuere;
  • Cierre inmediato de todas las mezquitas fundamentalistas en territorio español y europeo incluyendo aquellas financiadas por Arabia Saudí, régimen político que aplica la ley islámica, vulnerando los derechos humanos y que habría financiado actividades de grupos radicales islámicos, conforme lo expuesto por agencias y organismos de seguridad internacionales;
  • Realizar una tarea docente a efectos de explicar a los ciudadanos las enseñanzas del Islam y desmistificar el “buenismo humanitario” que algunos quieren imprimirle.
    Recordemos que en el Corán existen 124 versículos que pregonan la paz, la solidaridad y la confraternidad, mientras que en 255 versículos o suras se ordena matar a los infieles. Esas supuestas contradicciones han dejado de serlo desde el siglo VIII, pues los musulmanes han establecido que los versículos posteriores (las 255 suras) derogan a los anteriores (124), escritos en la época en que el profeta Muhammad se encontraba en situación de “debilidad” frente a otras tribus. En consecuencia, los versos posteriores (aquellos revelados a Muhammad cuando detentaba el máximo poder político militar) derogan o anulan los versos anteriores que les contradigan (aquellos que habría recibido del arcángel Gabriel en tiempos de debilidad política y militar);
  • Adopción de políticas activas en la guerra contra el terrorismo impulsando la constitución de una fuerza militar con mando unificado europeo para combatir militarmente al enemigo en su territorio, neutralizando su accionar militar y su capacidad bélica, hasta aniquilarlo completamente;
  • Modificación de las leyes de nacionalidad, residencia y acogimiento de extranjeros, retirando la nacionalidad española y expulsando de territorio nacional a toda persona que apoye, difunda, colabore o ejerza actividades yihadistas;
  • Endurecimiento de las penas previstas en la legislación penal, posibilitando la aplicación de penas de cadena perpetua efectiva, no revisable, para los terroristas yihadistas que fueren apresados vivos;
  • Rotura de relaciones diplomáticas con regímenes islámicos que financien la guerra santa o apoyen política, militar, económica o diplomáticamente a grupos terroristas;
  • Exigir la expulsión de Arabia Saudí del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas;
  • Aplicar el principio de reciprocidad en materia religiosa, no permitiendo el funcionamiento o apertura de mezquitas cuando sean financiadas por países que no permiten construir iglesias católicas, o de otros credos, en sus territorios;
  • Incrementar el presupuesto de defensa y para los cuerpos y fuerzas de seguridad;
  • Capacitar a los miembros de los cuerpos de seguridad del Estado y de los organismos de inteligencia, nacionales y europeos, en estudios islámicos y en idioma árabe, pues dichas fuerzas y cuerpos de seguridad no deben depender de traductores musulmanes nativos para efectuar las escuchas e investigaciones que lleven a cabo;
  • Recuperar el control de fronteras nacionales, independientemente de las disposiciones emanadas del Acuerdo de Schengen, porque la seguridad nacional y colectiva debería prevalecer sobre el derecho individual a circular, partiendo de la afirmación que la inmigración es un derecho, no una obligación de nuestros estados.
  • Oposición total al ingreso de Turquía en la Unión Europea;
  • Revisión de la política sobre refugiados, minimizando las autorizaciones de ingreso y residencia para personas provenientes de países islámicos con influencia yihadista, priorizando el ingreso controlado de inmigrantes provenientes de países no musulmanes y de minorías cristianas perseguidas;
  • Responsabilizar política, civil y penalmente a los dirigentes políticos que empleen la demagogia política para facilitar el ingreso de inmigrantes islámicos;
  • Abandonar el fracasado modelo multicultural, que ha llegado adosado al relativismo, y que amenaza con destruir Occidente, recuperando nuestra identidad judeo cristiana y grecorromana;
  • Promover políticas activas de natalidad ante la grave emergencia demográfica europea, canalizando las ayudas sociales, subsidios y beneficios sociales a familias españolas y europeas que, por superar los mínimos de ingresos actualmente establecidos, no acceden a dichas ayudas, a diferencia de colectivos musulmanes que sí acceden a dichos beneficios;
  • Creación de un registro público de delincuentes yihadistas o que cometan delitos de violación contra mujeres no musulmanas¸ a fin de prevenir la comisión de violaciones masivas cometidas por inmigrantes y/ o refugiados musulmanes, como las acontecidas en Suecia, Alemania o Reino Unido.

Todas esas medidas requerirían, en conjunto, fortalecer el denominado Pacto Antiterrorista, expulsando del mismo a aquellos partidos que sólo quieran participar como “observadores”, ilegalizar a aquellos partidos o agrupaciones que no condenen públicamente el terrorismo islamista, remover de los cargos públicos a cualquier funcionario que emplee su cargo o función pública para favorecer, activa o pasivamente, la difusión del yihadismo o que incumpla los deberes de funcionario público para adoptar todas las medidas necesarias para garantizar la seguridad de los ciudadanos y, en definitiva, reconocer que estamos inmersos en un estado de guerra, dando participación efectiva al ejército español en el control de fronteras, empresas estratégicas y posibles objetivos.

Pues, como expresara Arturo Pérez Reverte, en un artículo, “… es la Yihad, idiotas. Es la guerra santa. Lo sabe mi amigo en Melilla, lo sé yo en mi pequeña parcela de experiencia personal, lo sabe el que haya estado allí. Lo sabe quien haya leído Historia, o sea capaz de encarar los periódicos y la tele con lucidez. Lo sabe quien busque en Internet los miles de vídeos y fotografías de ejecuciones, de cabezas cortadas, de críos mostrando sonrientes a los degollados por sus padres, de mujeres y niños violados por infieles al Islam, de adúlteras lapidadas -cómo callan en eso las ultrafeministas, tan sensibles para otras chorradas-, de criminales cortando cuellos en vivo mientras gritan “Alá Ajbar” y docenas de espectadores lo graban con sus putos teléfonos móviles. Lo sabe quien lea las pancartas que un niño musulmán -no en Iraq, sino en Australia- exhibe con el texto: “Degollad a quien insulte al Profeta”. Lo sabe quien vea la pancarta exhibida por un joven estudiante musulmán -no en Damasco, sino en Londres- donde advierte: “Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia”.

Y no hemos de permitírselo pues, de lo contrario, estaremos firmando nuestra propia condena de muerte.

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