La Diada “Golpista”

Hoy, lunes 11 de septiembre de 2017, se cumplen 303 años de la toma de Barcelona por parte de las tropas borbónicas, en el marco de los sucesos correspondientes a la Guerra de Sucesión, entre los partidarios de la Casa de Habsburgo y los seguidores de la Dinastía de los Borbones.

El conflicto representó una lucha intestina por el poder, una lucha entre dos casas reales europeas que deseaban consolidar su poder, lucha que terminó por definirse en España.

Recordemos que Carlos II, “el Hechizado”, fue el último representante, en España, de los Austrias, y que el monarca falleció en el año 1700, sin dejar descendencia.

CARLOS II

Carlos II

El Hechizado había sido un hombre raquítico, débil, neurótico y retrasado mental, quien había gobernado a través de sus ministros y que, dadas esas características, influyó para que diversos territorios, como Cataluña, se fuesen desarrollando por sí solos, proceso que se vió reflejado en la obra “Fénix de Catalua”, de 1681, escrito por Narcís Feliu de la Penya.

Esa búsqueda de protagonismo catalán por influir en las decisiones de España coincidió con la crisis sucesoria abierta con la muerte del rey; muerte que dió paso a una disputa por el trono entre dos sucesores: FELIPE DE ANJOU (futuro FELIPE V), sobrino nieto de “el hechizado”, y el archiduque CARLOS, perteneciente a la Casa austríaca de los Habsburgo y sobrino segundo del fallecido.

Téngase en cuenta que las hermanas del rey se habían emparentado previamente con ambas casas reales, una con los borbones de Francia, y la otra con la rama alemana de la casa de Austria, provocando que los nietos de dos poderosos monarcas se enfrentasen entre sí.

FELIPE V, nieto del Rey Luis XIV de Francia, se enfrentaría aL ARCHIDUQUE CARLOS, nieto del poderoso Emperador Maximiliano de Austria.

Previamente, Carlos II se había decantado por el candidato francés, lo cual generó alarma en otras casas reales europeas, que no veían con buenos ojos que la misma casa real gobernase el Reino de Francia y el Reino de España.

El archiduque Carlos denunció el testamento del Hechizado y reunió, en su apoyo, a los enemigos de Francia, o sea, a Inglaterra, Portugal, Holanda y Austria.

Entretanto, FELIPE V comenzó a reinar, se dirigió a Barcelona en 1701 para jurar las constituciones y convocar a las Cortes; abriendo un período de prosperidad que no impidió que un año después se originase un movimiento contra el Borbón.

FELIPE V

Felipe V

Parte del pueblo “llano” odiaba a los franceses, a quienes consideraba traidores de los sucesos de 1640, y tenía resquemor del centralismo encarnado por Luis XIV (rey francés), centralismo que podría ser encarnado, en cualquier momento, por su nieto; a diferencia de la supuesta tendencia más proclive a una monarquía plural que representaba el Archiduque Carlos.

En esta disputa sucesoria, el Gobierno de la Generalidad se unió a los enemigos de Felipe V.

Un ataque combinado de la flota inglesa y de voluntarios, permitió conquistar Barcelona, echando al Virrey Velasco, representante de Felipe V y posibilitando que el Archiduque Carlos, con el nombre de Carlos III, entrase triunfalmente en la ciudad.

El conflicto continuó, tanto a nivel europeo como en territorio español. Carlos III logró, con sus tropas, penetrar en Madrid pero, en 1707, tras la victoria borbónica en Almansa, Felipe V conquistó Aragón y Valencia.

Sin embargo, en 1711, muere el Emperador de Austria y el Archiduque Carlos, su hermano menor, hereda la corona imperial, marchándose de Cataluña para hacerse cargo del trono austríaco y dando comienzo a las negociaciones de Paz, en Ultrech.

El conflicto, en principio, finalizaría en el año 1713, tras el tratado mencionado, culminando con la pérdida de soberanía española sobre el Peñon de Gibraltar y otros territorios; aunque continuó desarrollándose en territorio español.

Los catalanes enviaron embajadores a Viena y a Londres, pero nadie quiso escucharles.

Las potencias aliadas aceptaron que Felipe V retuviera la corona de España, aunque cediendo Napoles, Flandes, Menorca (durante 100 años), Gibraltar y otras posesiones.

Utrech implicó, en definitica, el surgimiento de un nuevo orden internacional tras un conflicto bélico continental en la que tomaron parte distintas potencias europeas.

En esa guerra de sucesión, los catalanes apostaron por el caballo “perdedor”, pues, finalizado el conflicto, Felipe V y los borbones fueron consagrados como “dinastía reinante” en España.

Los catalanes, partidarios del Archiduque Carlos, no fueron independentistas, sino patriotas españoles. De ahí la arenga que el General Antonio de Villarroel hiciera a sus tropas, defensoras de Barcelona… “Estáis luchando por nosotros y por toda la nación Española”.

La Guerra de Sucesión, como hemos visto, terminó por decidirse en España, tras importantes victorias de Felipe V, como Almansa (1707) o Brihuega o Villaviciosa (en 1710).

Aunque el conflicto continuó en Cataluña.

La Junta de Brazos (representación de los tres estamentos de las Cortes), votó la resistencia contra Felipe V y, en agosto de 1713, comenzó el asedio de las tropas borbónicas y francesas a la ciudad de Barcelona.

Los asediantes contaban con 40.000 hombres al mando del Duque de Berwick, y los defensores con 5.000 hombres al mando de Antonio de Villarroel.

Tras trece meses de asedio, se produjo el asalto a la ciudad (un 11 de septiembre de 1714) con la definitiva derrota de los catalanes partidarios del Archiduque Carlos y contrarios al mando de Felipe V.

Fue durante esos sucesos que el entonces Conseller en Cap, Rafael Casanova, enarboló la bandera de Santa Eulalia para arengar a los defensores, antes de caer herido y dejar la ciudad bajo dominio de la Corona castellana.

CASANOVA

Rafael Casanova

Los independentistas creen que Cataluña fue una nación hasta el 11 de septiembre de 1714.

Los independentistas afirman que Cataluña perdió una “Guerra de Secesión” en 1714.

Y afirman que Rafael Casanova fue un mártir de la resistencia independentista frente a la opresión castellana.

Lo cierto es que esas tres afirmaciones son falsas y que el discurso independentista golpista constituye una burda mentira, un falseamiento histórico y una burda patraña política.

Este 11 de Septiembre de 2017 los catalanes conmemoran una derrota, la derrota de aquellos patriotas españoles que lucharon por uno de los dos aspirantes a la Corona de España.

diada 1

Pero dicho esto podríamos preguntarnos… ¿ Por qué los nazi-onalistas catalanes han inventado dicha historia? ¿Por qué hacer aparecer como martir a un patriota español como Casanova? ¿Por qué respaldan un relato imaginativo, ahistórico y acrítico sobre los sucesos descriptos?

La respuesta es simple. Porque han necesitado construir un relato que justifique su subversión política, el golpismo de sus dirigentes y que encubra la corrupción de sus actos.

Como han señalado muchos autores, siempre las causas de los perdedores tienen mejor prensa que la de los vencedores.

Esto ha sido señalado por el Catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona, Sr. Fernando Sánchez Marcos, quien ha expresado que la versión separatista “ha pintado (los sucesos) como una lucha por las libertades catalanas, pero (en realidad) combatían por las libertades de España”.

Felipe V había consolidado su poder político, suprimiendo la Generalidad, las Cortes, el Consejo de Ciento e implantando el Decreto de Nueva Planta, que los independentistas acusan de anticatalanismo, para reformar la administración pública e impulsar el desarrollo de España según el modelo seguido desde Castilla; designando un militar como máxima autoridad legal y pasando el poder local a manos de Corregidores.

El archiduque Carlos se convirtió en rey de Austria y, a diferencia de lo sostenido por los independentistas, jamás quiso la independencia catalana, sino tan solo el poder del trono de España para imponer su propio proyecto político.

Casanova, ante cuya estatua se depositan ofrendas florales, no fue otra cosa que un “patriota español” partidario del Archiduque Carlos, quien le nombró ciutadà honrat (ciudadano honrado) y que desempeñó las funciones de coronel de los regimientos de la milicia ciudadana hasta caer herido en la batalla. Logró reponerse de sus heridas en la finca de su hijo en Sant Boit de Llobrega y fue posteriormente amnistiado, ejerciendo el derecho hasta 1737, y muriendo diez años después en Sant Boi de Llobregat.

En síntesis, todo el relato independentista relacionado con la “Diada” no resiste el menor análisis histórico pues constituye una vulgar y siniestra mentira.

La “Diada” comenzó a celebrarse en 1905, se oficializó como celebración con la irrupción de la Generalidad en tiempos republicanos, y hubo que esperar hasta 1931 para que las autoridades de la ciudad de Barcelona participasen de la misma.

No hubo conciencia independentista, ni proyecto rupturista, ni lucha separatista hasta bien entrado el siglo XX y los comienzos del presente siglo.

El 11 de setiembre de 1714 se vivió una gran derrota. Y, tal como dijera Fernando García de Cortázar, Director de la Fundación 2 de mayo y catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Deusto, “los teóricos del nacionalismo saben que las derrotas calan más en el imaginario popular que las victorias”.

Los catalanes de 1714 lucharon por España, lucharon por la conquista de la corona española y pelearon y murieron por formar parte activa del poder español.

En síntesis, Rafael Casanova no fue un independentistasino un patriota español que animó a sus tropas  “ a salvar la libertad del Principado y de toda España; evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de los españoles bajo el dominio francés; derramar la sangre gloriosamente por el rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España¨; la Diada conmemora la derrota de un sucesor a la corona de España y no la búsqueda de independencia alguna por parte de los catalanes, y la Guerra de Sucesión no fue otra cosa que una disputa en el seno de las monarquías europeas para hacerse con el poder político continental.

A diferencia de las mentiras golpistas, en 1714 el idioma de los funcionarios y de la administración de la Corte era el latín. De allí que los Decretos de Nueva Planta en ningún momento hayan hecho referencia alguna al dialecto catalán; Cataluña pudo progresar económica, política y culturalmente tras los trágicos sucesos de la guerra de sucesión y jamás ha existido una “nación catalana”.

Las mentiras “y gordas” de los nacionalistas sólo pueden explicarse en el marco de una dictadura política, lingüistica y cultural, dictadura que se ha visto facilitada por el nefasto régimen de las autonomías, y por la entrega irresponsable de competencias a las comunidades autónomas, en detrimento de la igualdad y libertad de todos los ciudadanos.

Sólo así puede explicarse que decenas de periódicos publiquen un mismo editorial en Cataluña, o que no existan opiniones disonantes en los medios públicos catalanes, medios pagados con publicidad institucional, propiciadora de un discurso único golpista tendiente a romper la unidad política y constitucional de España.

Como diría José Javier Esparza, “Cataluña es una de las patas que forman España. Lo que vemos el 11 de septiembre se apoya en una falsificación: tomar los episodios de 1714 como una guerra entre Cataluña y España cuando en realidad era una guerra civil española” (y europea)

Tanto en 1714 como en 2017 los desvaríos y despropósitos de algunos catalanes se han hecho palpables.

Cuando el Duque de Berwick propuso, en 1713, la rendición de la ciudad condal, los catalanes de entonces pidieron que los vencedores pagasen los gastos que les había ocasionado el conflicto.

Casanova, como hemos visto, nunca fue independentista, jamás fue un mártir, ni siquiera una víctima de los “españolistas” borbónicos.

Su figura, la del Casanova patriota, ha sido envilecida, profanada y prostituída por un independentismo golpista, xenófobo, disgregador, profundamente racista y subversivo que no ha tenido reparos en utilizar un atentado islamista para sus oscuros intereses.

Ese independentismo corrupto, analfabeto y contrario a la libertad y derechos de los ciudadanos es el que ha pretendido – y pretende – apropiarse de la Diada para sus fines golpistas, para enfrentar a los ciudadanos entre sí y para continuar adoctrinando en el odio a distintas generaciones de ciudadanos.

Pero la culpa no es solo de esos traidores, de esos subversivos ni de esos golpistas.

La culpa también es de todos aquellos que han hecho oidos sordos a las advertencias y que han continuado financiando con nuestros impuestos a un enemigo interno que sólo pretende quitarnos nuestros bienes, nuestras libertades y nuestro marco legal constitucional.

Sobre todos debería recaer el peso de la ley y la condena que sólo merecen los traidores a la Patria. Porque la DIADA GOLPISTA ha llegado hoy y no nos representa, ni representa el sueño de aquellos patriotas españoles que dieron su vida, su libertad o simplemente sus brazos un 11 de septiembre del año 1714.

 

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